Diario de Valladolid

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Patético. En tiempos de elecciones como en Castilla y León, el ciudadano anda perplejo. Los políticos no le dejan gozar de la vida o dormir a pierna suelta. No sé qué clase de raya se meterán estos señores entre pecho y espalda, que aspiran a vivir sin sobresaltos del presupuesto. El caso es que a los muertos, por arte de magia, les inyectan resurrección en vena; y a los vivos, con los pies por delante, se los llevan al cementerio en virtud del artículo 33. Será, digo yo, porque en el hato –ese lugar maravilloso en el que antes se concentraban las ovejas– hoy anda el lobo.

Qué sé yo. Pero esto es lo que nos ha revelado hace unos días –el martes pasado–, don Carlos Martínez, el Alcalde de Soria, que se presenta por Pedro Sánchez a la Alcaldía General de Castilla y León porque Dios es Dios y no habla a los sordos. ¡Qué contundencia la suya! Nos ha endilgado de corrida que el señor Mañueco –¡cuán engañados nos tenía!– es un «rey desnudo», el dueño absoluto de la «burbuja», que vive entre la tumbona y el «sofá» como un rajá, y sin darse «cuenta de que es un cadáver político».

Coño, qué gran descubrimiento para el elector mesetario que, al parecer, anda a uvas. Pues no, no lo sabíamos. Pensábamos, erróneamente claro está, que el cadáver político era Sánchez a todos los efectos; que los desnudos en bola picada eran Koldo, Ábalos, Tito Berni, o Salazar; que los de la burbuja ladronil y putinera –¡la puntita nada más!– eran Otegi, Puigdemont, Begoña, o David Sánchez, entre otros; y que la «parálisis» democrática y el «engaño» más bestial tienen nombre propio: el de su jefe, que es Pedro Sánchez, el One que reparte el frío entre los más castos y virginales. Qué chute de adoquín para una raqueta machadiana. 

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