Diario de Valladolid

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BACÍA ES, según la IA “esa vasija cóncava que usaban los barberos para afeitar, con una escotadura semicircular en el borde para encajarla en el cuello del cliente”. La RAE, más fiable y firme, esgrime lo de “vasija cóncava, por lo común con una escotadura semicircular en el borde, usada por los barberos para remojar la barba”. La recién llegada Inteligencia Artificial -que es la nueva CIA del trampantojo- barre a su antojo y albedrío. La IA mete debajo de la alfombra más de la mitad de los fundamentos y de lo fundamental. Aun así, muchos nos agarramos al palo de su escoba. Hay prisa por acabar la faena. Pero nadie podrá usurparnos lo mollar, que es ese regalo de la lengua: el español, el castellano, que cuando nos pone en los labios la palabra bacía nos llena de sensaciones, recuerdos y simbología. Esa muesca salvada para siempre gracias a la iconografía cervantina. En cada estampa ilustrada del ingenioso hidalgo aparece el casco menos guerrero de toda la historia de los yelmos. Sin salir de la vieja Iberia tiene el portugués, nuestra lengua rayana, esa palabra que entre otros significados alude a la cuenca hidrográfica: la bacia do Douro. A don Miguel de Unamuno, iberista convencido, se le atribuye una más de sus genialidades: cuando hablaba de la lengua portuguesa decía, enfrentando amistosamente a las dos lenguas hermanas que “el portugués es español sin hueso". ¡Venga ese plato de aceitunas! Solo el viejo rector que se inventó la intrahistoria podría definirlo mejor. Por eso me apasiona el portugués y todo lo suyo. Porque el portugués viene con la brisa del mar y una nota musical en cada silaba. Dejo el yelmo encima de la mesa y tras la barbaridad expuesta en esta columna me pregunto. ¿Hemos puesto en valor a Unamuno y a Cervantes? ¿Obtenemos de ambos beneficios turísticos? No, como cabía esperar. Hace unas horas cerró un Intur sin bosques, por lo que no hubo hadas ni duendes sobre la moqueta. Pero tampoco corrió sangre cervantina por su metraje vallisoletano, ni de Sanabria que tiene su propia leyenda quijotesca. Valladolid es poco cervantina en modo turismo. Incomprensible. Unamuno también está poco aprovechado en la región. Mas vivo que nunca.

Qué pena que la intrahistoria del turismo de interior no pisara la moqueta. Para contar sus vacaciones en Becedas, su visita a Boada cuando todo un pueblo quería emigrar a Argentina, los ocho días más rentables y literarios de Sanabria -donde se inspiró San Manuel Bueno, mártir- y su casa museo, y el Novelty y sus viajes a Portugal por el arribe, con su amigo Junqueiro, unido a la desbordante huella unamuniana por toda la región. Sin poner en valor. Siento no poder quitarme el casco ante tamaño olvido.

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