MENSAJES CRUZADOS
Bruselas nos saca los colores
DESDE BRUSELAS se ha dicho que España es el país que más incendios ha padecido y el que menos invierte en apagarlos y en evitar que vuelvan a repetirse durante los años venideros. Que estamos a la cola de la inversión que evitaría que todo este desaguisado vuelva a nuestros bosques el próximo verano y que, sin duda, regresarán los fuegos impetuosos para seguir asolando los paisajes y también los paisanajes y los pueblos, y los hitos históricos que habían resistido estoicamente el paso de siglos y milenios. Somos definitivamente la cola de Europa. La cola amarga de una Europa Comunitaria que se sorprende de que uno de los estados que la componen ofrezca tan patéticos resultados, tan tristes resultados... Somos la amalgama que se anuncia a bombo y platillo para que se enteren los ciudadanos de Europa, los que conforman con nosotros ese complejo «mosaico babeliano» en el que hay más idiomas que países. Somos la nueva Torre de Babel, la «unión desunida» por la inmensidad de lenguas tan distintas las unas de las otras. Somos, por lo tanto, el batiburrillo que se destripa a lo loco sin que nadie manifieste la cordura de poner unos límites para que, de una vez por todas, sepamos entendernos y a la vez comprendernos. Cada vez me parece más difícil... ya que nuestro gobierno, presionado por todos los separatistas pretende ahora que el catalán, el gallego y el euskera se unan a tal desaguisado, como eje de confusión y de intereses.
En nuestro país se han registrado centenares de incendios que no tienen ninguna justificación y en ellos han ardido millones de hectáreas que, de momento, son ceniza improductiva y oscura, que ya está afectando a los ríos que en declive unánime piden auxilio a los propios habitantes.
Es muy preocupante que por fin España esté a la cabeza de unos acontecimientos destructores que siguen llenando –tristemente– páginas y páginas de periódicos en todo nuestro entorno comunitario. Quizá sirva de algo toda la tinta derramada por una causa injusta que destruye y anula nuestra propia naturaleza, desde tanta desidia.
Los españoles merecemos algún verano en paz. Merecemos que el humo se aleje de los paisajes que lo han adoptado desde hace unos años y que llegue algún verano carente de noticias incendiarias y destructoras; ya que de momento estamos en la cola de las colas más nocivas que persisten en la antiquísima Europa. La cola que destaca por su notoriedad tan atrevida y tan poco previsora. Tan manida y politizada por esa política absurda que nos está complicando la existencia. Pues este año el nivel ardoroso ha llegado incluso a que desaparezcan paisajes que habían sido declarados patrimonio de la humanidad ¡qué disparate! ¡Qué vergüenza! ¡Qué asco!