Diario de Valladolid

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ARDE Castilla y León. Arden su montes y sus pueblos. Las llamas arrasan a esa mal llamada España vaciada, ese calificativo tan despectivo y tan dañino, además de falso. Esos pueblos tendrán pocos habitantes, pero están llenos de vida. De esa vida que les dan sus gentes, por pocas que sean, y sus paisajes y sus tierras, las mismas que ahora ven arrasadas por los devastadores incendios que están acabando con todo a su paso. Que están quemando su vida y su sustento a esos pueblos que continúan siendo la verdadera esencia de esta tierra. Fuegos que tienen a la Comunidad como una tea incandescente desde hace ya más de veinte días, y los que te rondaré, por desgracia.

Incendios que en muchos de los casos, la gran mayoría vienen provocados por incendiarios, pirómanos, ya sea por una negligencia o de manera intencionada para hacer daño. Sea como fuere, auténticos desalmados contra los que debe caer todo el peso de la ley. Y mucho más desalmado aún si quien prende la mecha de un fuego es un brigadista, bombero forestal o como quieran llamarlo. Un profesional que se dedica a combatir los incendios y que, mejor que nadie, sabe cómo, cuándo y dónde quemar para hacer el mayor daño posible. Seres deleznables que son los responsables primeros del desastre que están sufriendo los castellanos y leoneses y que ya se ha llevado tres vidas por delante.

Pero no son los únicos. Y mal harían los políticos en escudarse en estos miserables que prenden el monte para no ver sus propios errores. Porque este mundo rural de Castilla y León, sus pueblos, no son la España vaciada, lo que son es la España abandona. Esa a la que los políticos y su políticas, que después nunca pasan de las promesas, sólo miran y se dirigen cuando de pedirles el voto se trata, para después regresar a sus atalayas y sus poltronas de la política y si te he visto no me acuerdo.

Los pueblos, el medio rural de Castilla y León está abandonado y olvidado. Y si no se lo creen, péguense una vuelta por muchos de ellos y lo verán. Basta ya de paseos, incluso los reales, para hacerse selfies y dar abrazos y repartir sonrisas, que están muy bien y que a buen seguro reconfortarán a más de uno, pero que en poco o nada ayudarán a arreglar el grave daño que están dejando tras de sí los terribles incendios.

Es hora de ponerse a trabajar para dar soluciones a todos aquellos castellanos y leoneses que, en muchos casos, lo han perdido todo. Y, para esos a los que tanto les gusta escucharse porque hablan excátedra, decirles que el diálogo de sordos o de besugos, defínanlo ustedes como quieran, que se verá hoy en ese mausoleo de la Cortes no va a ser más que eso, un diálogo de sordos que en nada va a servir y que nada les va a aportar a aquellos que siguen viendo como las llamas se llevan todo por delante. Pónganse a trabajar.

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