El PSOE CyL, herido en la autoridad
El secretario general del PSOE de Castilla y León, Luis Tudanca, y el secretario general electo de la formación, Carlos Martínez.
LA MAYOR DOLENCIA que le asiste en estos tiempos al PSOE de Castilla y León es la ausencia de autoridad en el liderazgo. Carlos Martínez arribó sin esa autoridad a costa de cacharrear con Luis Tudanca la sucesión, sin primarias de por medio. A cambio, Tudanca encontró acomodo en el Senado, apartando de un codazo al salmantino Fran Díaz, al que él mismo puso. Una ausencia de autoridad que resultó todavía más minada cuando no se atrevió a sacar de la Mesa de Cortes a los que protagonizaron la pillada del micro poniéndolo a parir a él mismo y al ministro Óscar Puente. Pero es más, uno de ellos, Diego Moreno, lanzado por Tudanca y el regidor leonés contra Javier Alfonso Cendón a las primarias, exige ahora que se reabra la denuncia que presentó por fraude en esas primarias en las que resultó vapuleado. Le asiste el argumento de que ese expediente fue resuelto en tiempo de Cerdán, que como hemos sabido no era el tipo más honorable en el seno de Ferraz.
El PSOE está implosionando hasta la explosión final. Y el regidor de Soria no tiene autoridad alguna para frenar los incendios semanales que surgen en el seno del partido desde pocos días después de su llegada. Incendios que, lejos de atenuarse, irán creciendo en intensidad, como estamos viendo. Es la tercera crisis que le abre Diego Moreno, consciente de que le quedan ocho meses en el cargo, a razón de más de cien mil al año por no pegar un palo al agua. Y está dispuesto a pasar todas las facturas que remitan Tudanca y José Antonio Diez contra la dirección provincial leonesa, aunque sea a costa de minar la autoridad, la credibilidad y la viabilidad electoral de Carlos Martínez. Y el secretario socialista autonómico tiene que tener claro que con estos bueyes tiene que arar de aquí a los comicios, si es que finalmente decide encabezar la candidatura socialista para medirse a Alfonso Fernández Mañueco. Porque el damnificado principal de todos los ecos y réplicas que vaya dejando la profunda crisis desatada en Ferraz y Moncloa va a ser sin duda el que afronte la primera prueba electoral. Y esa primera prueba se disputará en Castilla y León en marzo de 2022. Concretamente el 15 de marzo, si Pedro Sánchez no lo impide con un adelanto electoral.
Y todas estas zozobras impulsadas por los suyos, incluido Óscar Puente, que ya ha dejado claro que no se va a callar, dan al traste con el rollo ese del rearme ideológico o cualquier intento de estrategia con la que pretenda transitar el cada vez más debilitado, por los suyos, Carlos Martínez. Y va a ser muy difícil recuperar un ápice de esa autoridad necesaria para guiar un proyecto político, cuando además por medio se cruzan odios viscerales e intereses electorales personales entre todos los contendientes del PSOE de Castilla y León. Cada vez parece más evidente que la sucesión de Tudanca se cerró en falso por ese afán tan de Ferraz, no sólo de Cerdán, de amañar transiciones dejando al margen a la militancia a la que tanto aluden, pero a la que tan poco consultan.