EL COMÚN DE LOS MORTALES
Un verano caliente
Los asuntos políticos se enturbian anunciando un verano caliente y lleno de sorpresas para todos. Lleno de dislates incoloros, insípidos y malolientes que siguen enturbiando la vida de los millones de españoles que deseamos, sobre todo, tranquilidad veraniega. Reposo para afrontar lo que se nos viene encima. Porque la política española de los últimos años es así de osada y atrevida. Lo es tanto que los actores protagonistas e incluso los actores secundarios de este drama invertebrado y mohíno intervienen sin guion y se pasan por el forro de sus propios cataplines e incluso de los nuestros cualquiera de los principios de una buena y saludable democracia. Los principios de los principios que ya estaban diseñados en la propia Constitución hoy son papel mojado, son un bosque que arde sin control, un borracho que se sigue emborrachando “in saecula saeculorum”. Los actores improvisan y entretienen hurgando en las heridas que sangran y supuran. Quizá lo hacen para que no nos sintamos huérfanos de políticos ante tanta adversidad. Ya no vale de nada ninguna sugerencia, no vale de nada que España viva a expensas de lo que desde Junts, Sumar, Bildu y PNV decidan sobre lo que tenemos o lo que no tenemos que hacer para que este país se desintegre de una vez por todas. El Banco de España, El Tribunal Constitucional, La Fiscalía, Teléfonica. Televisión Española... Todo eso y lo demás, o sea, lo que de momento no nombro, ocupa lugares preocupantes en el panorama que asola y desvanece lo que somos y lo que hemos sido durante tantos años de serena democracia.
Víctor Aldama, Javier Pérez Dolset, David Sánchez, Koldo y los puticlubs, la fontanera-pajarraca Leire Díez, el exministro Ábalos, Las íntimas amigas del Exministro, la pájara ministra Margarita Robles, el expresidente de la diputación de Badajoz Miguel Ángel Gallardo y tantos y tantos, otros nuevos actores que se han apresurado a intervenir sin remilgos para dejar su impronta entre nosotros.
Vivimos un momento delicado y triste que los españoles de bien deseamos que pase cuanto antes. Un momento de polémicas intimidatorias que no dan tregua para la paz.
Los españoles estamos acostumbrándonos a un pésimo gobierno que va a su ritmo y que impacta incluso en apagones injustificados de los que no se nos informa. Vivimos el modelo parco y turbio de un presidente que echa balones fuera, que no asume errores, que miente, que nunca es culpable de nada y que está quebrando la buena convivencia. Vivimos en el declive de un sistema político que ha rebosado en una fosa séptica y que se ahoga en sí mismo. En el que la mentira y el fango se han establecido como dogma. Porque todo lo que nos dicen es incongruente.
España no era así, pero ahora lo es. Es un contubernio vestido de incertidumbre.