Diario de Valladolid

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En política como en la vida misma, y vaya por delante como digo siempre que doctores tiene la santa madre iglesia de la política, es conveniente echar la vista atrás y analizar lo sucedido y lo realizado, sobre todo lo realizado. Harían bien los políticos, tanto los que son como los que han sido y sobre todo aquellos que acaban de serlo, en pararse, echar la vista atrás y ver qué han hecho, para qué ha servido o está sirviendo su paso por esto de la política y la cosa pública. Ellos que cada vez que hablan, en algunos casos hablaban, aseguran que vienen a la política a servir harían bien en aclarar para qué sirven o para qué han servido. Vamos, qué está aportando o le ha aportado de bueno a los ciudadanos su paso por esto de la cosa pública. Ya les digo yo que, en la inmensa mayoría de los casos, nada.

Y, para muestra, basta mirar al último que se ha caído del caballo de estos de la derecha extrema. El otrora gran vicepresidente de la Junta de Castilla y León, vaya dos sujetos que ahora se dan la mano sonrientes que han pasado por esa Vicepresidencia, Juan García Gallardo es el ejemplo más claro de esos políticos que nada han aportado al bienestar de los ciudadanos. Vamos, que sobraban, que están de más en esto de la gestión de la cosa pública, entre otras cosas porque nadie le va a echar de menos ahora que se ha ido. Ni los hasta ahora suyos, que han tardado cinco horas en borrarlo, las mismas que empleó el gran jefe de la derecha extrema, Santiago Abascal, en relevarlo en el comité nacional, ni los ciudadanos.

El suyo ha sido el ejemplo más claro de lo que quiere y busca la derecha extrema en la política. Quiere y busca la bronca. Y el ejemplo de Gallardo, a quien ahora desprecian sus hasta no hace tanto muy mejores amigos, megáfono en mano arengando a los exaltados en Ferraz al grito de ‘noviembre nacional’, es la demostración más palpable de esa bronca en la que viven y de la qu3e se alimentan estos de la derecha extrema y a la que se están subiendo no pocos de esa otra derecha, la que se dice más moderada y menos extrema.

Ni una iniciativa, salvo ese deleznable plan antiaborto que era frenado en seco, después de que lo presentara con todo el boato en una rueda de prensa del Consejo de Gobierno. Ahí dejaba claro Gallardo a qué había venido a esto de la política, a lograr una poltrona con buen sueldo y sin atribuciones para poder hacer de su capa un sayo. Y cuando el que más manda le tiraba de la poltrona de la Vicepresidencia, básicamente porque el que manda siempre tuvo claro que sólo se la tenía arrendada como Ayuso la sede de Génova a Feijóo, rápidamente Gallardo se buscaba otra poltrona, y esta con más soldada, en el mausoleo ese de las Cortes de Castilla y León. Y, ahora, se va cargando contra el mismo sistema que le colocaba a él, pero que ya no le deja hacer de su capa un sayo y que le tenía la puerta abierta. Y se va como llegaba, sin haber aportado nada, salvo la bronca. Su paso por la política de Castilla y León será como un agujero negro del que nadie hablará ni se acordará. Buen viaje, Gallardo.

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