Diario de Valladolid
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El momento político es propicio para abrir otro frente en la tectónica de placas en la que se mueve el espectro ideológico en todo el territorio nacional. El Partido Popular ha salido a remontar el partido tras su victoria en las elecciones gallegas y ahora se acuerda de Burgos para seguir presionando al gobierno de Pedro Sánchez con la colaboración de la palanca que más le abre las carnes al líder socialista como es la presidenta de la Comunidad de Madrid. Isabel Díaz Ayuso está del lado de la mayoría social y política que defiende la reapertura del tren directo entre Burgos y Madrid, pasando por Aranda de Duero. Se trata de una reivindicación transversal de la sociedad y la política burgalesa, respaldada por el empresariado y que cuentea incluso con el soporte del Puerto de Bilbao y el Gobierno Vasco. En Castilla y León está vigente el consenso que se explicitó en las Cortes con la aprobación de una resolución con la unanimidad de todos los partidos políticos. La habilidad política del PP consiste en dar una vuelta de tuerca a la presión sobre el gobierno y el Ministerio de Transporte que dirige el exalcalde vallisoletano Óscar Puente y arrastrar en sus protestas a los socialistas, que defendían a todo trance el tren directo y ahora se ven en una posición políticamente delicada. Burgos ha sido esta semana escenario de un cónclave institucional para exigir al Gobierno estatal el desarrollo del corredor central ferroviario con el tren directo incluido y empleando la riada de millones que llegan desde la Unión Europea. En esta cita a la que concurrieron el Ayuntamiento de Burgos, el de Aranda, la Diputación y la Junta, llevó la voz cantante la consejera de Movilidad. Paralelamente, el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, reivindicaba desde Miranda de Ebro, bastión socialista burgalés, que el Gobierno estatal debería acordarse más de Burgos en materia de infraestructuras. De fondo, las plataformas que convocan las protestas cívicas por la reapertura del tren directo se han hartado de predicar al coro y a partir de ahora en vez de manifestarse en Burgos -ahi me las den todas decía el corregidor- trasladarán sus protestas a Madrid para que Puente vea de primera mano su indignación por el olvido de esa vía. El PP tampoco está exento de responsabilidad en el cierre de la línea, pero eso no es óbice para que Díaz Ayuso aproveche para minar al Gobierno y a Puente. El PP burgalés también se apunta, arrastrando a los partidos localistas que esperan hacer carrera levantando la bandera del tren directo. Lo siguiente será arremeter contra el ministro vallisoletano por los retrasos de la autovía del Duero, la de Aguilar y la del Camino de Santiago. Lo cierto es que la inacción de ambos partidos mayoritarios en favor de Burgos desde Madrid en las últimas dos décadas les proporciona munición que arrojarse alternativamente en función de quien ocupe el gobierno y quien la oposición. Quizá no se percatan de que a los ciudadanos no nos importa quien inaugure tal o cual infraestructura, porque lo que exigimos es que se lleven a cabo y se cumpla la palabra dada. Lo demás son alardes.

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