Diario de Valladolid

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¡VAYA SEMANITA la del tirano Sánchez! Ni en las peores pesadillas. Ha sido lo más parecido a lo que en el juego del ajedrez llaman un jaque mate loco, o el mate del loco. La jugarreta consiste en una serie de combinaciones fatales que –de un modo rápido, sorpresivo, inapelable y contundente– tumban al rey en el tablero, y se queda como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando. A esta conjunción se le llama también la envolvente del diablo.

El caso es que la jugadita empezó en la misma madrugada del domingo al lunes y sin piedad. Las elecciones gallegas se le atravesaron a Sánchez como un alfil que, como el estoque de un florete torero, pinchaba de punta. El morlaco veía los desgarrones que tenía por todo el cuerpo, pero no se lo creía: esto no es «na» y se tiraba al rojo como un zumbado. Así que optó por un silencio punzante: que hablen los demás que yo he hablado demasiado durante la campaña electoral. Gran error, pues no hay más traidor que un alfil que hace de florete y que no respeta ni el ojete. Así que guardó un lunes de ayuno y penitencia.

Lógico. El altísimo, el incontestable, el amado de los dioses, la alondra que en la noche del lunes se acostó sin cena y amaneció sin deuda, tenía puestas todas sus esperanzas en el martes 20, día en el que todos los tiranos del orbe celebran la onomástica de su santo patrón: San Tiranión. Este santo –que fue martirizado en el 304 por el tirano de Siria– es el último recurso de todos los tiranos por varias razones: les abre de par en par las puertas del cielo para su conquista, es eufónico, y lleva la marca de la bestia con un acento en la ó que quita el hipo: ¡Tiranión! Y claro, lo celebran los tiranos, además, por una razón tumbativa: Tiranión era de Tiro y, al parecer, tenía tal puntería que, en la dirección que ajustaba la mirilla de su fe, caía la pieza. Cuenta Eusebio, que fue testigo del martirio, que hasta los leones se negaron a hincarle el diente. Así que el tirano tuvo que ahogarle en el Orontes para acabar con él. Qué historia.

Bueno, pues incluso San Tiranión ya no jalea el pulso certero de Sánchez. No me extraña, pues tras las elecciones gallegas le trata de tú a tú y esto es una gran falta de respeto que no toleran los santos, y menos los mártires. Esta irresponsabilidad la calificó Ernesto Sábato de insufrible en una charla que dio en el paraninfo de la Universidad de Valladolid cuando la política argentina empezó a jugar con el tiro en la nunca de la democracia: «No se puede vivir sin héroes, sin santos ni mártires, y mucho menos sustituirlos».

Cierto, señores. Cuando se sustituye la democracia por derecho divino, llega la autocracia, el comunismo, la dictadura, la teocracia, el populismo. En su tiranía precoz, Sánchez ha prescindido de todas las convicciones, leyes y equilibrios, y ya no hay marcha atrás: San Tiranión lo ha dejado en el tablero sin percutor, a merced de los peones, de los caballos y de las torres que buscan, directamente, el jaque mate del tirano loco.

Aunque el tirano diga y repita por todos los rincones que aún le quedan casi 4 años de legislatura, su tiranía se tambalea. Le falta aquella puntería de alacridad que hizo del desbarajuste un asalto al cielo de la democracia. En ese mismo día de su onomástica política –¡San Tiranión, dame tu puntería de colocón!, suplicaba– comenzaron las desgracias de Sánchez, que no han dejado de agrandarse hasta hoy lunes 26, festividad de San Alejandro, otro de los iconos de la sanchunería golpista.

Como si hubiera ganado la partida, sigue repitiendo sobre el tablero su cadena de errores que es infinita como las arenas del desierto. No vamos a repetir esa larga retahíla –¡qué pesadez!–, pues temáticamente se han reducido en esta semanita a tres apuestas atrapadoras que esencializan la caída estrepitosa en las marañas del jaque mate: el crimen de Navaldy en Rusia con su versión hispana en Villajoyosa; la servidumbre del tirano ante los caprichos del sultán de Marruecos; y la irrupción de la motosierra de Koldo en la pradera nacional para llevarse por delante todo lo cultivable, empezando por la purga de barones dentro de partido socialista por su «falta de liderazgo».

El asesinato de Navaldy en la Rusia de Putin, con su réplica del asesinato de Maxim Kuzminov en la España de Sánchez, no es simple casualidad. Es la prueba evidente de que la alianza indestructible entre tiranos funciona como un tiro, y que –con la excusa de la agenda 2030– están preparando con gas ruso los nuevos jardines de Auschwitz de una manera indisimulada: todo el poder para los soviets hasta que el terror sea la ganga verde en sus manos liberadoras. A esto en democracia se le llama terrorismo de estado.

La subordinación de Sánchez ante el Sultán de Marruecos no es más que la puesta en escena entre tiranos por una simple cuestión baladí como sería la compraventa de la soberanía nacional al mejor postor: tú me pones aquí y ahora 54 mil millones de euros sobre el tablero, te olvidas de paso de tu agricultura y de tus agricultores, y yo me olvido de tu teléfono por una temporadita. Trueque perfecto. A esto en democracia se le llama alta traición.

¿Y lo de Koldo? No es más que corrupción en estado puro, latrocinio, asalto en cadena de unos mendas que se muerden la cola. Koldo es el menda en bruto de Ábalos. Ábalos es el menda para todo, pues lo mismo hace de aduanero en Barajas que de menda servilletero con Sánchez para hacer Gobiernos. Pero aquí el menda-menda que manda a estos dos mendas, es Sánchez como mendacidad en rama de la A la Z. A esto en democracia se le llama mangancia, en la cual –al igual que en La venganza de don Mendo–, «menda mata a menda» en un jaque mate loco.

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