Diario de Valladolid
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La normalidad no termina de asentarse entre nosotros. Vivimos a salto de mata y así nos va. Presumiendo de ser un país europeo que late en la realidad de una comunidad - más económica que política - que se va ensanchando y a la vez empobreciendo, que va perdiendo protagonismo en el mundo desbocado. Incluso en Alemania se debilita la industria.

Somos eso que nunca hubiéramos imaginado ser en pleno siglo XXI. Somos el fiasco que hace aguas, el que dice y desdice…En fin, somos un Estado en peligro extinción, en peligro de convertirse en una república bananera, similar a Venezuela desde que el Chavez, antecesor de Maduro, la hizo así, a su imagen y semejanza. Él ya está muerto y su país moribundo. Pero, eso sí, los venezolanos tienen un salario mínimo de tres dólares al mes ¡Viva la democracia Bolivariana! La que está de acuerdo con que sus súbditos no tengan ni, tan siquiera, para comprar un bocadillo de tortilla caraqueña. Aquí, sin embargo, en la lisonjera Europa y más concretamente en la dócil España, esa tal Yolanda Díaz, Vicepresidenta y Ministra de Trabajo, está que se sale. Pretende hacernos huir de la miseria elevando el salario mínimo y reduciendo las horas de trabajo. La teoría suena bien, pero hay que poder pagarlo. Hay que poder hacer frente a todos los deseos habidos y por haber, pero no hay que arruinar a las pequeñas y medianas empresas que las pasan putas para hacer frente a todo lo que se les viene encima…mientras otra ministra dice que el paro lo crean los empresarios cuando despiden. “Predicar o dar trigo”, he ahí la cuestión… Mientras tanto el Papa Francisco solivianta a los suyos. Ahora se le ha ocurrido decir que le gustaría un infierno vacío. El Papa piensa como Sánchez y Sánchez como el Papa, a los dos les gustaría que las “malas acciones” no lleven implícita ningún tipo de culpa ni condena. Uno deseando un infierno vacío y el otro, el Presidente, dando cobijo a los separatistas catalanes para que el terrorismo pueda ser bueno o vasco, que es el malo; según decida Conde Pumpido desde su Tribunal Constitucional. Y así, el terrorismo bueno (el catalán) podrá ser indultado... Y mientras tanto, Fernando Sabater ha sido castigado y despreciado por opinar. Deberá arder en la hoguera que han encendido los que no están de acuerdo con que el filósofo vasco opine libremente. Las ideologías extremas es lo que tienen y eso es aplicable a algún medio de comunicación que habiéndose radicalizado tampoco entiende lo que es la libertad.

El mundo es un contraste de situaciones que nos envisten como a los toreros que no quiere ver ni en pintura el ministro de cultura. Sirva mi ripio para pedir sosiego a este gobierno de frituras envolventes que han soliviantado a la mayoría de españoles.

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