Diario de Valladolid

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NO ES fácil huir de la actualidad cuando te dispones a escribir tu columna semanal y tienes delante la hoja del calendario, el titular de portada, la mesa puesta, la radio prendida y, allá atrás, de fondo, el tintineo de la pantalla de la televisión, que también tira de subtítulos, aunque los gestos y planos lo dicen todo sin necesidad de audio y sin mirar el número de la tele. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, mis siete y ocho… Y así hasta el trece, Dios mediante. Luego está la del papel con sus cabeceras de diferente peinado, con la raya a un lado y a otro, y sin raya. Y todas jugando con astucia y veracidad con el sujeto en cuestión, el verbo y la gracia, el predicado y el predicador. Es cuestión de pegar la oreja. La radio matutina es como un spa, te puedes duchar con agua helada, fría, templada, calentita y que queme. Benditos diales que, girando sus ruedas, impiden que te hipnoticen las palabras de unos, de otros y de los demás. Si escuchas un poco, lees en diagonal el texto principal y memorizas los sesudos titulares, casi tienes el texto escrito. Pero no es eso. En fin, en esta tesitura me armo de mis herramientas de costumbre: calada, sorbo de café y zapatillas. Me niego a escribir sin ellas, sin las dos. Hasta en el calzado se aprecia qué zapatilla es más esquiva. La zurda juega conmigo al escondite. Ya con las manos sobre el teclado. En el fondo, hoy y ahora, entras al trapo de la palpitante actualidad porque está abierta la puerta y no tienes salida. Solo entrada.  Aunque hubiese preferido escribir sobre la primavera y las flores proletarias de la orilla del camino, que también son de rabiosa actualidad libertaria. En fin, vamos a ello, no vaya a ser que algunos piensen que servidor tiene canas en la lengua o que ya está mayorín y ya no se atreve a desnudarse en público. Sigo siendo un nudista convencido. Y ya me gustaría a mí ver en pelotas a todos/as los que han formado parte de la partitura y el libreto electoral que nos invade. Solo resta acudir a tus fuentes de parcialidad, a tu sentido de responsabilidad y a ese difícil ejercicio de columnista independiente con su carga de ética pasteurizada, ser cálido en la expresión y evitar determinadas frases soeces. Busca tú ahora el límite y la linde. Pero, al menos, el oficio te dice que el columnista debe declarar su posición de antemano y explicarlo. Pues bien, ahí va: iros a la mierda todos. No os necesito. Dejad en paz a mis amigos, mi familia y mis colegas, porque les estáis envenenando. Vosotros sí que embarráis bodas, comuniones y cenas y habéis logrado que los grupos de WhatsApp se vuelvan locos de tanto sácame, méteme, me salgo, me meto y así. Lo dicho, votaros a vosotros mismos y dejadnos en paz. Viva España. Y Portugal.

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