Diario de Valladolid

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TIENE 84 años. Hace unos días fue a su banco en Ciudad Rodrigo desde su pueblo, que está a 17 kilómetros. Cuenta que toda la vida guardó sus ahorros en el Banco de Castilla, luego en el Popular y ahora en el Santander. Su “bautizo” con éste último fue “terrible”. Lo cuenta en una carta publicada en un periódico local que ha trascendido a las redes sociales. Tuvo que sacar número de una máquina, le ayudó un joven a teclear su nombre y DNI porque su vista estaba casi agotada; cuando le iban a atender, le exigieron una tarjeta de crédito de la que carecía. A las once le cerraron la ventanilla; era viernes y ya no le daban dinero hasta el lunes. No tiene móvil; tampoco acceso a Internet, apenas ve…”No soy viejo, soy mayor y me han hecho sentir viejo”.

Es la tiranía de los bancos, que margina a quienes viven en los pueblos y a los que no han podido o sabido adaptarse a su indiscriminada digitalización. No sólo es el Santander; ya son todos los que están cerrando el paso a la gente mayor, a los ciudadanos de las zonas rurales, y los que limitan su horario de atención al público. “Cada vez es más difícil vivir en un pueblo pequeño”, lamentaba este cliente histórico de la antaño banca cercana tras sufrir su personal drama financiero.

Castilla y León ha cerrado 79 sucursales en el último trimestre, la que más de España empatada con Cataluña, según el Banco de España. Tenemos el nivel de oficinas más bajo desde hace 42 años. Un proceso impulsado por el llamado “supervisor”, el mayor responsable de la crisis financiera que acabó con las cajas de ahorro.

La exclusión financiera ya no sólo nos llega por el empobrecimiento de muchas personas; también porque esa obligada digitalización que solo busca eficiencia y rentabilidad para ellos está siendo criminal para muchos. Debería darles vergüenza a los bancos casos como el de este salmantino y el de tantas personas en situación similar, que sufren la miseria de quienes presumen cada año de lograr decenas, cientos o miles de millones de beneficios. Alguien tiene que parar esto. Ya no es solo la sanidad y los servicios sociales lo que expulsa a las personas del mundo rural. La exclusión financiera está ahí y si los bancos privados siguen por ese camino, reivindico la inclusión financiera como un derecho, reclamo una banca pública o, como mínimo, que se le retiren las cuentas de las administraciones a quienes actúan con semejante crueldad con los ciudadanos más vulnerables.

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