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Por fin hemos podido ver el famoso apartamento de las Cortes de Castilla y León. Un piso de 80 metros cuadrados que parecen demasiados para uno solo, así que no extraña que Luis Fuentes, el presidente de la institución, haya dado marcha atrás en su intención de utilizarlo, aunque no parece que haya sido por el tamaño. En cualquier caso, hace bien, porque debe ser bastante descorazonador pasar las noches en el mastodóntico edificio que alberga la sede parlamentaria. Si ya por el día, cuando hay poca actividad, intimidan sus grandes espacios vacíos, de noche debe ser hasta deprimente.

Las jornada de puertas abiertas del pisito careció del vino español que a veces acompaña esos actos, pero no de mala leche y dardos entre parlamentarios. Fuentes quiso ser transparente y mostró el espacio como si nunca hubiese pretendido utilizarlo, algo que dejaría sin justificación alguna la trifulca veraniega organizada en relación al asunto. Lo que no ocultó es cierto resentimiento por las críticas, así que no fue un gran anfitrión, porque no dudó en lanzar una puñalada a uno de sus invitados, el socialista José Francisco Martín, secretario primero de la Mesa de las Cortes.

Para resarcirse de las críticas por el intento de usar el piso, el presidente parlamentario pidió en el mismo apartamento a Martín que renunciara a los 1.800 euros de dietas que cobra a pesar de vivir en Valladolid. Esas dietas se pagan a los procuradores por los gastos que les generan acudir desde sus provincias a la vallisoletana sede de las Cortes. Cualquiera con un mínimo talento para el ahorro le saca beneficio a esa partida, se alquile piso o no y coma de menú o a la carta, aunque lo tiene mucho más fácil el que vive en Valladolid. Pero el asunto está cerrado con acuerdo parlamentario, como zanjó Martín, que instó a Fuentes a reabrirlo en la Mesa de las Cortes si esa es su voluntad. Casi seguro que no va a querer, aunque él no pondría en peligro su dieta, porque a pesar de ser procurador por Valladolid vive en Salamanca, pero no vaya a ser que después de lo del senador Maroto, que el hombre se tuvo que empadronar en Segovia para poder representar a Castilla y León en la Cámara Alta, alguien se revuelva y quiera que quien se presente por una provincia viva en ella. Además, que el ahorro que iba a suponer es el chocolate del loro.

Francisco Igea lo calificaría de ínfimo, como el sobrecoste de 800.000 euros por los altos cargos, por mucho que Ciudadanos haya abogado por reducir ese tipo de gastos, al igual que por bajar impuestos, cosa que tampoco le gusta al vicepresidente si es en Madrid, que se lo toma como agravio en lugar de intentar seguir el ejemplo, como con más coherencia hace su jefe en la Junta, el presidente, Alfonso Fernández Mañueco.