Tampoco me fío
MI PELUQUERO, que no tiene un pelo de tonto, desconfía de las listas de espera y del verdadero afán de transparencia del que manda en esta Junta de Castilla y León bicéfala y con síntomas de bipolaridad. Mi peluquero es un hombre leal, que me ha autorizado, con estrictas condiciones de confidencialidad, a que les cuente el caso de un cliente al que le hicieron una prueba hace un año en un centro de especialidades de Valladolid y no le darán los resultados hasta la primera semana de septiembre.
Por eso, ni les diré el nombre del paciente ni el del centro que le atiende (¿?) y mucho menos el de mi peluquero, no sea que se vengue un día y me tome el pelo más de lo que acostumbra. El caso es que ese cliente anónimo lleva años con ojeras porque no duerme. Un día le citaron con tanta rapidez que le dieron los resultados de la prueba antes de hacérsela. Sin embargo, cuando se la hicieron tardaron un año en citarle para darle los resultados. El desenlace no lo sabremos hasta septiembre. En ese centro, hubo un tiempo en que las listas de espera se maquillaban y los casos se acumulaban en una caja de cartón. Por ahora no puedo dar más datos porque así lo he pactado con mi peluquero. Pero si Igea, consejero de la Transparencia; Casado, consejera de la Sanidad, o Mitadiel, gerente de Sacyl, me desmienten, pediré permiso a mi peluquero para contarles todo.
Yo tampoco me creo las listas de espera. Y uno no se explica cómo el consejero de la Transparencia dudaba el jueves de la semana pasada de los datos y su consejera se los creía. Ayer casi se ponen de acuerdo y tras dimes y diretes lo llamaron listas «imperfectas» o «incompletas». El que lo tiene que estar pasando mal es el gerente de Sacyl que hace un año, como portavoz sanitario de Ciudadanos, decía literalmente: «No me fío de que los datos sean reales. Me fío poco de los datos de las listas quirúrgicas, pero de las de consultas, nada». Yo tampoco, querido Mitadiel. Me pasa como al responsable de Sanidad de UGT que duda de la transparencia del consejero de la Transparencia porque cada día dice una cosa y a estas alturas llegará diciembre y habrá agotado los calificativos de la RAE.
Este doble discurso no solo afecta a Sanidad. Es similar al que mantuvieron hace solo una semana con la bajada de impuestos de Madrid. El que manda ahora en la Junta -Igea- dijo que lo pelearía por «competencia desleal». El presidente Mañueco, por el contrario, alabó a la presidenta madrileña. ¡Vaya lío con esta bicefalia! Esperemos que los dobles discursos o el síntoma de trastorno (político) de bipolaridad no se contagien más allá de Sanidad o de Hacienda.