EDITORIAL

Encomiable labor de los servicios de extinción

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UN VERANO MÁS, y eso que el de este año no está siendo el de los peores, Castilla y León ve cómo la asolan los incendio. El último es el que ahora tiene en jaque el entorno de la localidad abulense de Navalacruz, pero antes hubo otros como el del Guadarrama en las proximidades del entorno de La Granja o la Sierra de Gredos, de nuevo en Ávila, por citar sólo los más importantes en cuanto a número de hectáreas quemadas.

El alcalde de Navalacruz, que como suce en la totalidad de los pueblos de la comunidad estos días duplica su población, Benigno González, reconocía que la situación fue especialmente «complicada» en la noche del martes, cuando con la retirada de los medios aéreos y el viento cambiante que reinaba en la zona, las llamas llegaron a escasos metros del casco urbano del pueblo.

Por ello, admitió que algunos vecinos llegaron a pasar «miedo» ante la cercanía de unas llamas que en algún momento tuvieron gran envergadura y un frente que impresionaba, especialmente por la noche.

Sin embargo, el gran trabajo de los más de cientos de efectivos, incluidos los integrantes de la Unidad Militar de Emergencias (UME), cuya presencia fue solicitada en la tarde del martes por la Junta, contribuyó a que las llamas no se extendieran, antes de que los medios aéreos, que llegaron a ser cerca de una docena, comenzaran a actuar a primera hora de ayer para actuar sobre el perímetro del incendio.

En ese espacio actuaban todos los medios tratando de enfriar el terreno y de evitar posibles reproducciones por un viento que volvía a levantarse por la tarde, según señalaba a este periódico el juez de paz, Catalino Arganda, quien apuntaba que el día anterior hubo «nervios». Pero, de nuevo, como antes el regidor, ponía en valor el trabajo desarrollado por los equipos de extinción.

Y es que, un año más, un verano más, surgen los héroes anónimos, esos grandes profesionales de las brigadas forestales, de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y de todos y cada uno de los efectivos que trabajan denodadamente en la extinción de los incendios. Una labor, un esfuerzo y un trabajo que debe ser reconocido y puesto en valor, por lo que encomiable del mismo y por lo mucho que supone.

A ellos, a estos trabajadores, a los que debe reforzarse desde las administraciones. Es hora de que cada uno deje de mirarse al ómbligo, se olviden de polémicas partidistas y trabajen codo con codo para conseguir la mejor coordinación para trabajar contra los incendios. Y, sobre todo y como siempre, de nuevo escuchar y poner en valor a quienes mejor conocen el bosque y el monte, a los profesionales. Esa es la mejor coordinación.