Diario de Valladolid

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SIN DARNOS cuenta todos estamos formando parte de una organizada movilización que nos invade a cara descubierta, que nos controla y nos vigila día y noche. Y sabe Dios qué hará con lo que conoce de nuestras vidas. Muchas veces pienso cómo nos arreglaríamos la mayor parte de los mortales si nos fallara el teléfono móvil. Es impensable salir sin el celular a la calle. De pronto, resulta que el dichoso aparato se ha convertido en una prolongación de nuestra vida. Un hombre y una mujer sin móvil están literalmente perdidos. Ya sé que hay mucho cachondo todavía que se resiste al nuevo fenómeno tecnológico y se jacta de no utilizarlo. Mentira podrida. Lo que hace es pasarle el muerto a un familiar que tiene que enseñarle los mensajes del bendito WhatsApp. ¿Se acuerdan de aquel tiempo, no tan lejano, en el que torturábamos con críticas a los jóvenes adolescentes por andar constantemente enredados con el teléfono y aquellos SMS hoy en la prehistoria de la telefonía? Pues ahora resulta que los abuelos y las abuelas le están sacando un partido a la foto del WhatsApp como nunca hubiésemos imaginado y, si no, piensen por un momento en las caras de satisfacción y de alegría que proporcionan las instantáneas de nietos, hijos y demás familia que navegan por los grupos familiares. Y no digamos de esa irresistible conducta que ha convertido a muchos de nuestros mayores en imparables mensajeros de frases, fotos y vídeos con los que a diario nos bombardean. Dicho sea de paso, el móvil se ha convertido en el compañero más fiel. Por cierto, nunca estuvo el personal más enterado de lo que pasa en los entornos de familia, amigos y trabajo como ahora. ¿Y qué me dicen de esas situaciones en las que un usuario se queda sin batería? Nunca había visto gestos de desconsuelo tan trágicos. Es cómica la escena de una persona con gesto aterrorizado buscando un enchufe con un cable en las manos. Posiblemente, existirán rasgos socioculturales que marcarán este periodo que nos toca vivir en el siglo XXI, pero, sin duda, la telefonía móvil es el más contundente de la sociedad actual. Solo me asalta una duda. Si por esas cosas de la vida, fuésemos despojados de nuestros teléfonos móviles, ¿qué pasaría? ¿Podríamos convivir, trabajar, vivir? No quiero ni pensarlo, sería un desarme total. Insisto, ¿se puede estar incomunicado? Atrévase a salir a la calle sin móvil y que Dios le coja confesado. Lo queramos o no, hoy estamos todos movilizados.

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