Diario de Valladolid

Despoblación: un problema global que no admite soluciones locales

Publicado por
PEDRO MUÑOZ
Valladolid

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LA EVOLUCIÓN de nuestra sociedad es tan rápida que nos lleva a creer que todos los problemas son nuevos. Pero casi todos los problemas sociales son viejos y la despoblación del medio rural es uno de estos problemas enquistados a los que nadie da solución.

La leyenda de la ardilla podía recorrer la Península Ibérica de árbol en árbol sin tocar el suelo es falsa, pero sí es indicativa de una España interior poco poblada y tomada por los bosques y la maleza.

La población ha fluctuado mucho a lo largo de los siglos y todos conocemos algún enclave o alguna ruina que pertenecieron en su día a una población que hoy es un despoblado de origen medieval, o más moderno incluso.

En Castilla y León el primer aviso desesperado que recuerdo del abandono del medio rural se debe a Julio Senador, quien, allá por 1915, en un libro titulado ‘Castilla en escombros’, advertía del riesgo de un territorio abocado a la miseria por la pobreza, el atraso y la corrupción política.

Evidentemente, con esas premisas, la debacle demográfica de Castilla, especialmente de Tierra de Campos, no hizo más que consolidarse y agravarse a lo largo del siglo XX, espoleada por la demanda de mano de obra industrial de Cataluña, el País Vasco y Valladolid, como muy bien reflejaba, en 1966, el testimonio personal y triste de Jesús Torbado en ‘Tierra mal bautizada’, donde se lamentaba de que en el medio siglo Tierra de Campos hubiera perdido el 20% de su población. !Poco imaginaba que ese 20% era una bagatela comparado con lo que había de suceder después!

Pero la pérdida de población no solo afectó a Tierra de Campos, sino que esa plaga demográfica se extendió a más amplios territorios, como la montaña, donde no se evidenció de forma lacerante hasta que, allá por los años 70 y 80, sobrevino la crisis del sector minero, que ha acabado arrasando con la población de todos los pueblos de las cuencas mineras, como muy bien conocemos en El Bierzo.

Bien, hasta aquí el relato desnudo de los hechos. El problema demográfico de la despoblación del llamado medio rural de Castilla y León no es reciente: hace ya más de un siglo que viene produciéndose o gestándose. Entretanto, España ha sufrido dos dictaduras (la de Primo de Rivera y la de Franco), dos periodos monárquicos, una república y un sistema democrático precedido de una transición. Ninguno de ellos ha acertado con la fórmula para revertir la despoblación del medio rural.

De modo que, actualmente, cuando le echamos la culpa a la Junta de Castilla y León o al Gobierno de España de la desertización demográfica de la España interior, estamos siendo injustos, porque yo no dudo de que podrían hacerlo un poco mejor, pero tampoco dudo de que el problema viene de lejos, es mucho más amplio a nivel geográfico y es más que probable que no tenga otra solución que el simple devenir de la historia.

La despoblación de los pequeños núcleos y la huida de la población hacia las ciudades y hacia los territorios litorales también se produce en Europa (en Francia y en Alemania). En septiembre del pasado año se reunieron los representantes de un llamado Grupo de Trabajo sobre la despoblación, en el que estaban representados territorios como Asturias, Castilla y León, Extremadura, Baviera (Alemania), Lombardía (Italia) y Voralberg (Austria), con el fin de pedir a la Unión Europea ayuda para desarrollar proyectos destinados a evitar la pérdida de población en el medio rural. Hay muchos más territorios aquejados de este problema: todo el norte y noreste de Europa, Escocia, Grecia, las repúblicas bálticas de la esfera soviética...

El 80% de la población europea vive en el 20% del territorio. Y no sólo pasa en la vieja y caduca Europa, sino también en la pujante China, cuyas zonas interiores empezaron a sufrir el mismo calvario desde el momento en el que la agricultura tradicional sucumbió ante la gigantesca demanda de la industria y los servicios de los grandes polos de desarrollo.

La migración de la población del campo a la ciudad es antigua y no ha acabado aún. Es muy probable que, al finalizar este proceso, más del 90% de la población mundial se concentre en los grandes núcleos. Ahora andaremos por el 70 o el 75%.

Así las cosas, es más que dudoso que llevar al medio rural internet de banda ancha, un consultorio médico con especialidades, una autovía o una estación del AVE puedan acabar con el problema de la despoblación (un ejemplo: el pequeño pueblo oscense de Tardienta es el pueblo más pequeño con una estación de AVE, lo que no ha impedido que Tardienta haya pasado haya perdido habitantes y elija dos concejales menos en los comicios del 26 de mayo).

Pero aún hay más: muchísimos países también están perdiendo población. La envidiada Alemania lleva casi cuatro décadas con un crecimiento vegetativo negativo (nacen menos personas de las que mueren) y lo mismo pasa en España y en casi toda Europa. En China y la India, los países más poblados de la Tierra, las tasas de natalidad están a punto de caer por debajo del nivel de reemplazo, con lo que en ellos pronto morirán más de los que nacen. Y en África las tasas de natalidad están cayendo de una forma muy acelerada.

En Canadá no hablan de la ‘España vacía’ ni del Canadá vacío, más vacío sin duda que España. No, allí hablan del ‘planeta vacío’. Ahora pensemos en esta ecuación: si los países decrecen en población y la población cada vez se concentra más en las ciudades, solo hay una forma de cuadrar las cuentas, que las ciudades crecen a costa de los habitantes del campo.

Otro de los factores que tenemos que tener en cuenta a la hora de revertir los efectos indeseados de la despoblación y del envejecimiento de los ciudadanos es la inmigración, pues solo los inmigrantes serán a medio plazo los únicos capaces de garantizar la pervivencia de nuestro sistema productivo y de garantía social. Digo que debemos tenerlo muy en cuenta, sobre todo cuando se están alzando voces muy significativas a favor de impedir la entrada a nuevos inmigrantes, cuando no de expulsar a los que ya viven aquí. En este sentido, quiero recordar que yo vivo y pertenezco a El Bierzo, un territorio donde los inmigrantes han estado integrados durante décadas de una manera ejemplar. El Bierzo es un ejemplo de integración de ciudadanos paquistaníes, caboverdianos, portugueses, latinoamericanos, marroquíes, etc. Nunca ha habido problemas. Deberíamos fijarnos en este Bierzo integrador a la hora de analizar los problemas de la inmigración y, sobre todo, aplicar posibles soluciones.

En fin, como no cabía esperar otra cosa, yo no poseo la solución mágica para un problema que es secular y de magnitud mundial. Simplemente me atrevo a sugerir un cambio radical de terminología: Considero que lo mismo que no hay más que una sociedad humana y no una sociedad de viejos, otra de niños y otra de mujeres, tampoco hay un mundo rural y un mundo urbano. Creo que el territorio debe ser considerado en su conjunto y como una totalidad: el medio rural es una parte indesmembrable del medio urbano, o, si se prefiere, del medio humano. Sólo considerando la totalidad del territorio y toda la sociedad en su conjunto podremos dar soluciones globales a un problema global. Querer solucionar problemas globales a base de poner banda ancha en pueblos de 100 habitantes es inútil.

No sé cuál es la solución, pero sí sé que las ocurrencias que se aplican de forma improvisada no funcionan. Hace más de un siglo que no funcionan y seguimos empeñados en aplicarlas. La Junta de Castilla y León, el Gobierno de España y las diputaciones provinciales no son los culpables. Echándoles la culpa solo conseguiremos desviarnos del camino correcto para hallar la solución, en el caso de que exista.

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