Aros olímpicos en el centro de la diana
El arquero Álvaro Simó afronta un año en el que podría certificar su clasificación para Tokio 2020 / Actualmente se encuentra entre los 16 mejores del país / A diferencia de sus compañeros, compagina deporte y trabajo
ÁlvaroSimó posa junto a la diana en las instalaciones de RíoEsgueva, donde entrena.-PABLO REQUEJO
Día 25 de julio de 1992. El arquero Antonio Rebollo silenciaba a medio mundo que vio a través del televisor cómo encendía las llamas del pebetero de Monjuic con una flecha. Los Juegos Olímpicos de Barcelona comenzaban por todo lo alto con un truco de magia que aún hoy es recordado en la historia olímpica, donde quedó grabado a fuego -olímpico- ese instante. 28 años después, en 2020, otro arquero, el vallisoletano Álvaro Simó, quiere encender su particular llama olímpica sin más conejo en la chistera que trabajo y talento, dos ases bajo la manga de este aficionado a la magia que le pueden valer para ganar una apretada partida que tiene sobre la mesa un billete para la capital nipona.
Álvaro Simó Bouzas se acostumbró desde pequeño a disparar sus flechas más allá de las fronteras de España. Como cadete y juvenil, representó a España en los Campeonatos del Mundo y como absoluto acudió en 2017 a la Copa del Mundo de Berlín (donde fue el español mejor clasificado). Sin embargo, la posibilidad de llamar a la puerta de la villa olímpica hace que entre en una nueva atmósfera.
«Probablemente sea el año más ilusionante, porque está la posibilidad de ir a unos Juegos Olímpicos. El camino no es fácil. La competitividad es altísima, es lo más difícil que voy a hacer en mi carrera deportiva», augura.
Con las campanadas del día 31 quedó atrás el año 2018, un curso marcado por una lesión en el hombro que le impidió rendir como en 2017 (cuando quedó campeón de España) pero que no le apartó de acabar entre los mejores arqueros nacionales. En lo que va de temporada, Simó Bouzas ha ido saltando muros hasta colarse entre los 16 mejores arqueros de España. El 2019 entra como un toro bravo con un calendario que puede marcar su futuro. Los clasificatorios de finales de este mes y de febrero reducirá el número de aspirantes a 8; una terna que en marzo se dividirá entre el Equipo B (que disputará el Gran Premio de Europa) y el Equipo A de la selección española, que disputará el Campeonato del Mundo en junio en Holanda. Allí un octavo puesto de España o un 32º individual sellarían el visado de Álvaro Simó hacia Tokio 2020.
El arquero de 28 años se ve lanzando flechas en esa recta final, aunque reconoce que la diana es pequeña y muchos los arcos que apuntan en esa dirección. «Es complicado, porque la gente ha mejorado. Yo soy mejor, pero mis compañeros también lo son. Dos de los que fueron a Río (Antonio Fernández y Miguel Alvariño) siguen y por detrás viene gente nueva que viene achuchando», reconoce Álvaro Simó, que añade: «Yo me veo confiado, porque los resultados están ahí. Si mantengo el nivel puedo estar en el equipo A, como en 2017. Además, la experiencia es un grado en la línea de tiro», recuerda.
El vallisoletano es el único nombre del TOP-16 que lleva los tres últimos años entre los cuatro mejores del país, una regularidad que choca con la fluctuación que indica cuál es el nivel entre los mejores Robin Hood de España. Un mérito que en el caso de Simó Bouzas gana en quilates cuando se compara su situación con la del resto de compañeros. La mayoría entrenan a tiempo completo en el CAR de Madrid,
«Eso dista mucho de lo que es mi vida», reconoce. El arquero denegó la posibilidad de acceder al centro de alto rendimiento tras ver que había vida más allá de donde para la flecha. Así decidió compaginar el deporte de alto nivel con su faceta como fisioterapeuta en la clínica Fisap: «Siempre lo he compaginado todo. Con organización y sacrificio se puede hacer», asegura.
Así, a las 7.30 de la mañana, cada día el arquero de Arcolid atraviesa la puerta del Río Esgueva para adelantarse a la rutina diaria y poder entrenar dos horas. Un día a día que le es posible a pesar de las trabas que, según denuncia, le ha puesto la Federación de Castilla y León. El respaldo de las instituciones públicas permitieron al vallisoletano utilizar las instalaciones. De otra manera hubiera sido imposible entrenar en cubierto a 70 metros. Allí trabaja en soledad. Es alumno y profesor al mismo tiempo: «A día de hoy soy mi propio entrenador. Tengo asesores, como un coach mental, Ignacio Gómez Sancha, y el seleccionador nacional, Elías Cuesta. La Federación Española entiende mi caso, apuesta por mí y me ha ayudado mucho», confiesa el aspirante a olímpico.