Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

«EN EL EXTERIOR de la Catedral de Burgos, en una cornisa que da a la calle Diego Porcelos, una monja con la falda levantada enseña sus encantos a un fraile peregrino; este, con bordón y calabaza, responde a la provocación asiendo con la otra mano un descomunal falo…», así lo describe mi amigo Pablo Arribas y, aunque algo apedreada, la escultura ahí está. Y así cientos de ejemplos instalados en el arte religioso dentro y fuera de los templos, en los capiteles, en las misericordias de las sillerías bajo el culo de los canónigos y en los canecillos a la intemperie. Qué razón tiene Pablo cuando dice que él sí cree en el diablo, como buen cristiano viejo, e insiste en que la ignorancia sigue muy extendida sobre la figura del demonio.

De ahí que me sorprenda la dimensión alcanzada con el sucedido que estos días ha generado el diablo y el acueducto en Segovia. Una leyenda escrita y descrita desde hace siglos cristaliza en la inteligente iniciativa de José Antonio Abella, un escultor local que la simboliza en una obra en bronce. El relato muy simple: una moza que vende su alma al demonio si este le lleva el agua a la puerta y en una noche construye el acueducto. Pues bien, esta anécdota –más bonita que un San Luis– ha generado una agridulce y a la par simpática polémica en la que, al parecer, va a intervenir hasta un juez y quién sabe si acabamos sentando jurisprudencia demoniaca, ¡qué diablos!

Mientras, todo ello ayuda al turismo en una ciudad que ya visitan más de 750.000 turistas al año. En una semana ha hecho más catequesis el escultor segoviano que todas las parroquias de la diócesis juntas. No se entiende la cultura cristiana sin Lucifer, el pecado y el infierno.

El problema lo tiene el abogado del diablo, que tendrá mucho trabajo pues, como se abra la puerta de las denuncias, a ver cómo defendemos a los diablillos de Sepúlveda y a los diablos de Sarracín, entre centenares de ejemplos en la iconografía cultural de esta región… ¡Por fin le veo el lado bueno a Satán! Y felicito a quien ha encendido la mecha de un benigno infierno mediático que despierta una sonrisa, como mucho, y nos mantiene en vilo incrementando el deseo de conocer la escultura. Por mi parte, estoy deseando abrazar al escultor y hacerme un selfi con el demonio de verdad.

tracking