Europa debe frenar casos como los de la multinacional Vestas
VESTAS, SUS TRABAJADORES y sus familias se la juegan en la reunión de hoy de Bruselas. No es que de allí vaya a salir una orden que obligue a los daneses de la multinacional a dar marcha atrás en su idea de cerrar la planta de Villadangos, no.
Pero del encuentro puede, y debe salir, un escenario en el que se evite que situaciones como ésta puedan volver a producirse y, lo que es más importante, la posibilidad de forzar a los daneses, que también se han embolsado millones de ayudas de la Unión Europea, a que presenten un inversor o aporten fondos, de todos esos beneficios que han obtenido gracias a las ayudas y al rendimiento de la planta leonesa de Villadangos, para que sean la administraciones quienes pongan en marcha esa reindustrialización.
Desde la Junta de Castilla y León se indica que acudirán a la reunión de hoy en «términos de exigencia». Ese tiene que ser el camino, pero sin olvidar que la unidad de todos, administraciones, agentes sociales y trabajadores es vital. Esa es la que nunca debe romperse porque, de lo contrario, se le estará dando un balón de oxígeno a los únicos responsables, los directivos de la multinacional.
Vestas, como ya se ha indicado en más de una ocasión desde estas mismas páginas, ha perdido todo el crédito. Nada de lo que digan puede resultar ya creíble. Y mal hace el Ejecutivo de Pedro Sánchez, con la ministra de Transición Energética, Teresa Ribera, a la cabeza, en dar pábulo a cualquier cosa que quieran ofrecer a cambio del cierre. Salvo que detrás se esconda el potenciar sus plantas de Lugo y Ciudad Real, mientras echan el cierre a la leonesa de Villadangos de Páramo, mandan a la calle a todos sus trabajadores y ponen en jaque a miles de familias.
Llevan meses con mentiras y engaños. Diciendo, primero, que no iban a cerrar, que todo era un ajuste de producción, cuando la realidad ha acabado demostrando que lo único que querían era ganar tiempo para que se cumplieran los plazos de las ayudas para el mantenimiento del empleo y echar el cierre.
Eso tiene u nombre, tomadura de pelo, que es justo lo que han estado haciendo y aúncontinúan haciendo estos daneses de Vestas. Por eso, quien se alienee con ello, aquella administración que decida creerse sus mentiras e ir de la mano acabará siendo cómplice de todo aquello que perpetren.
No es posible y no puede consentirse que a quienes se han llevado puestas las ayudas se les permita ahorar irse sin más y, lo que es peor, ponerles una alfombra roja en su marcha, al albur de todas sus mentiras. Eso es lo que debe impedir y frenar Bruselas.