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LEO que Ronaldo, el jugador que se enfundó la camiseta del Barcelona y del Madrid, y que ha adquirido la mayoría de las participaciones del Valladolid, su imagen y proyección, van a servir para potenciar la marca turística de la ciudad del Pisuerga. El orondo exjugador, tiene como méritos actuales un grueso billetero y el control de su presión arterial. Y que, por jugar donde jugó, además de en la selección de Brasil, es muy conocido. Mediático.

Cierto es que la gente, en su sentido más masificado y menos reflexivo, consume lo que se le echa a granel, aquello que llama mucho la atención y que, además, suele estar conectado con el arquetipo psicológico del éxito: la pasta. Ronaldo encaja. Si además sucede que se desea potenciar la ciudad como un paraíso de las tapas y el buen vino, nadie podrá negar que no se corta el exfutbolero en el arte de disfrutar la gastronomía.

La sociedad del bienestar crea mucho malestar en las conciencias singulares y no aborregadas, pero es tremendamente productiva para quienes, desde uno u otro sillón, unas u otras siglas, fomentan la imagen de la abundancia y la tolerancia total (aunque hay quien le hace cierto caso a los análisis de sangre), aunque sea sólo como una mera expectativa que conseguir.

Para aquietar a sus empadronados, nada como recurrir a imágenes seductoras, que desprenden el bienestar de los que, a los ojos de la sociedad, han triunfado. Si, además, se consigue (lo que hoy no es difícil a tenor de lo que nos cuentan las encuestas sobre educación) que se cree una (impostada) verdad que transforme la realidad pasada y presente conforme los intereses de las cribas ideológicas, nada impedirá que la sociedad actúe siguiendo, fiel y lealmente, el adoctrinamiento correcto.

Que Ronaldo sea imagen de Valladolid es una buena idea, y un mejor síntoma de dónde estamos y hacia dónde vamos. Es tan difícil que Delibes contemple a Ronaldo como presi del Pucela como que el brasileño lea Cinco horas con Mario. No tiene tanto tiempo.