De Alfredo Blanco o la dignidad en política
Y AHORA, ¿quién resarce a Alfredo Blanco, no ya de su honor, que sigue intacto, por mucho que algunos se atosigaran en lo contrario, si no de su plaza de concejal en la bancada del PPdel Ayuntamiento de Valladolid? El llamado ‘caso de la confort letter’, empecinamiento de Puente para sepultar en condenas al que fuera durante 20 años regidor de Valladolid, y de paso, endilgarle una andanada a la línea de flotación del PP que le despejara más si cabe el panorama electoral de 2019 ha acabado por convertirse en bumerán judicial. Y ayer, de vuelta, le endilgó un golpe político morrocotudo al regidor pucelano, promotor de la acción judicial. La pregunta es, siguiendo la mora de los moralistas moralizadores (que no es el caso de Puente, ni mucho menos, pero sí de sus compañero de Ferraz):¿Debería dimitir alguien ahora por embarcar al consistorio en un lío judicial de este calibre contra el que fuera alcalde y que ahora ha acabado dando la razón al que fuera alcalde y no al que lo es? Ahí queda la pregunta para los moralistas.
Pensamos que no. Como también pensábamos que no debió dejar su puesto el edil pucelano de origen maragato, arrastrado por la vorágine judicial. Pero en cualquier caso, ¿que dicen ahora los que cacarearon a los cuatro vientos, los moralistas de nuevo cuño, que han llegado para inventar la política, la vida, la democracia y la pluralidad, aunque con lo de inventar el trabajo no se animan? Trabajar y morir, lo último. Al menos no estaría demás, por pura cortesía y decencia, que se disculparan con el edil absuelto, ya que no van a dimitir por bocazas y moralistas, como lo hizo, sin necesidad, Alfredo Blanco por dignidad. Además de por ser un caballero al que echaron de la actividad política los que tiene altura moral para todo quisque, pero que se ausentan cuando de aplicársela a ellos toca.