Gracias, ¿por qué?
NEGAR al lobo es como decir que la cultura, en verano, no está al alcance de todos. Con respecto al que aúlla, basta con preguntar a los ganaderos. Y sobre la cosa cultural, vamos a contar las sillas y bancos de la plaza. Multitud de teatros, llenos y a la intemperie; aulas culturales rebosantes de paisanaje; castillos, con sus veladas y sus velas; y así una lista interminable. Quien diga que no hay cultura popular en el medio rural -y en la ciudad- en el verano de Castilla y León, miente. Seamos sinceros y comprobemos
la agenda cultural de nuestro entorno. Está claro que muchas actividades se incentivan y financian desde las instituciones, a lo que muchos pueblos y alcaldes corresponden con un sentido ‘gracias a…’. A la Junta, a la Diputación o al Ayuntamiento, acentuando el nombre del mandatario de turno. Pues tampoco
es eso. Ni es gracias a él ni a ella: debemos apropiarnos de ese agradecimiento, pues todos están ahí
para gestionar nuestras cosas. Me cabrea cuando, desde abajo, se mira hacia arriba de forma reverencial y servil, reconociendo la ayuda de tal o cual persona. Cuando aprendamos que la Junta, la consejería, la diputación y el ayuntamiento somos nosotros, nos irá mejor la autoestima. Todos están ahí para gestionarnos. De gracias, nada. Como mucho, reconocer que han gestionado bien y han acertado en lo más conveniente para el común.
Nunca olvidaré aquel atardecer en una olvidada aldea ancareña, que hoy no quiero ni pensar cómo estará. 25 años atrás, en Penoselo. Atardecer de un día de otoño. Casas cerradas, muertas. Ni un
alma. Ni un trino de pájaro como sintonía del lugar. Solo un golpe de azada al clavar su filo en la tierra. El sonido venía de un huerto, seguro que fueron los últimos puerros. Un paisano encorvaba su cuerpo.
Me acerqué y me miró de reojo, sin sonrisa, pero con amabilidad. Y charlamos de lo propio. Me respondía sin mucha alegría, sin dejar la azada. Tras unos minutos de lacónica conversación, le dije adiós y «gracias, amigo». Me respondió: «Gracias, ¿por qué? Si yo nada le di de lo mío...». Esta respuesta deberían copiarla quienes están al frente de instituciones y responder: «Gracias, ¿por qué? Si solo gestiono lo tuyo, que para eso me has puesto aquí… Y cobro por ello, me viene en el sueldo, que acepté
voluntariamente». Qué bueno sería eso. Y en materia de agenda cultural, que no se queje nadie, que hay cultura para aburrir.