Toros y sardanas
QUIZÁ podrían iniciar un proceso secesionista. Tienen un territorio muy bien delimitado, un lenguaje propio, en el que las palabras se acomodan a los hechos, y sus tradiciones las sienten como una parte inescindible de su ser. No sé si estarían más por un sistema monárquico o por una república. Para ambos sillones conozco a algún que otro candidato.
Pero no. No están por la labor de separar y dividir. De su boca no salen sustantivos ni adjetivos que denoten un ánimo de ofender. Al contrario. Acogen al de fuera como si hubiera nacido allí mismo y sus apellidos le conectaran con las estirpes más antiguas, esas que permiten hundirse en el tiempo, sumergirse en generaciones pasadas y ahondar en la historia de estas nobles gentes.
Este pueblecito, con alma de aldea, se llama La Parrilla, situado a escasos kilómetros de Valladolid. Todos se conocen, se llaman por su nombre, y todavía hay alguna casa a la que se entra con solo correr un cortinón. Algún pequeño comercio al que es difícil clasificar porque vende de todo, y dos bares que marcan las procesiones cotidianas de los parrillanos: La Casa Vieja y El Cafetín. Julio ejerce su ministerio de vida entre conventual y de confidente en el primero, mientras Roberto, más joven, muestra más nervio en una barra tan larga como su capacidad de acogida.
Este fin de semana recién clausurado ha tenido a La Parrilla como epicentro de la cultura taurina de Castilla y León, con sus encierros tradicionales, sus sueltas de toros y su exhibición de cortes. Los toros son en La Parrilla una cultura familiar, arraigada, que cohesiona y permite abrirse al forastero.
Dicen, comentaban antes de que llegaran los astados a las calles desde el campo, que el ministro de Cultura es antitaurino. Eso dicen, repetían. Llegó Pedro y soltó: no pasa nada, chicos, dijo socarrón, si logramos que los toros aprendan a bailar sardanas seguro que nos indultan. Luego farfulló algo del 155, pegó otro par de tragos a la bota, se limpió la boca con el anverso de la mano y sentenció: he dormido poco, me voy a la cama.