Prepotencia
HAY INFINITAS maneras de manifestar prepotencia en el ejercicio del poder. Descartemos por un día las ejercidas por quienes controlan nuestras economías. Apartemos esta vez el ámbito laboral y el personal. Centrémonos en la prepotencia política. La actuación del alcalde de Valladolid, Óscar Puente, con el portavoz del PP, José Antonio Martínez Bermejo, tiene ya los suficientes ingredientes de soberbia para engendrar un modelo de prepotencia política.
Puente, que tiene la potestad de dirigir el pleno municipal, expulsó este martes a Bermejo después de mandarle callar. El hecho puntual podría estar hasta justificado ante un desmemoriado portavoz popular que va a su bola y es incapaz de respetar la autoridad que la norma concede al regidor en los plenos. Sin embargo, la secuencia del trato de Puente a Bermejo manifiesta mucho más: primero le bloqueó en las redes sociales; después le dijo en público que ya no le escuchaba y ahora le expulsa del pleno. En medio, el también portavoz a tiempo parcial del PSOE de Pedro Sánchez dice tener miedo a una posible agresión física de los populares.
La gota que colmó el vaso del Puente más nervioso de su vida política fue la resolución del Procurador del Común -el defensor del pueblo de Castilla y León-, que cuestionó con débiles argumentos la firma de un contrato temporal del concejal socialista Antonio Gato a su cuñada. El regidor perdió su aparente talante equilibrado y dijo que Amoedo sirve a los intereses del PP. Otro apartado más para la secuencia del modelo altanero del primer edil vallisoletano.
Ni siquiera la pérdida de memoria y autocrítica de Bermejo sobre los excesos de su compañero de partido, Javier León de la Riva, o su entrada en el primer pleno tildando de «frente guerracivilista caduco» la alianza entre PSOE, IU y Podemos, podría justificar la prepotencia creciente de Puente.
El alcalde de Valladolid se equivoca y le da al PP la baza electoral que viene buscando con escaso éxito para cuestionar las decisiones políticas de un equipo de gobierno más equilibrado y con menos excesos autoritarios que el anterior.
El trato a la oposición define y mucho a un político. La soberbia en el ejercicio del poder es una manifestación de debilidad, la misma que demuestra Bermejo y el PP ahora en la oposición en el Ayuntamiento de Valladolid al arrastrar sin la debida humildad y autocrítica algunos desmanes de aquellos quince años en la Alcaldía.