Vivir con miedo
LA MATÓ de una paliza en la calle. Silvia murió el domingo a manos de su exnovio en Burgos. El agresor actuó contra la víctima de forma «extremadamente violenta». No era la primera ni la segunda vez que se producía una agresión; había incluso una orden judicial de alejamiento. La brutal paliza terminó en esta ocasión con su vida. Burgos reclamó en la calle «una vida digna y sin miedo» para las mujeres.
El asesinato de Silvia por este energúmeno se produce en medio de una inédita polémica por la tropelía judicial de la sentencia contra La Manada. Leer el relato de los hechos probados y no indignarse por el fallo judicial es inquietante para quienes vemos aún lejos el fin de la violencia machista. De 23 años a 9 años; de violación a agresión sexual… a este rebaño malvado le rebajan ¡catorce años! porque la joven víctima no se defendió antes sus corpulentos y salvajes agresores.
Hace una semana que la calle vive una indignación sin precedentes. Y algunos jueces y profesionales del Derecho jalean su extremo corporativismo cerrando filas con los ponentes de la sentencia y no preguntándose qué más le tendría que haber pasado a esta joven con vida desecha para que lo ocurrido en aquel portal fuera violación y no abuso.
Esta joven vive. Silvia murió el domingo. ¡Quién sabe si la joven violada en San Fermín habría sobrevivido para contarlo si hubiera optado por enfrentarse a los agresores! Lean la sentencia y el relato escalofriante de los hechos probados; la indignación puede subir enteros. Supuestamente solo faltó violencia e intimidación para que los hechos fueron considerados violación.
Hay que criticar a los jueces; claro que sí. Como a los políticos, como a los periodistas. Hay profesionales del Derecho que se creen con el monopolio de la opinión contra sus señorías magistrados. ¡Vaya concepto de la libertad de expresión! Las mujeres han salido a la calle para revelarse contra esa violación. Como en Burgos, por el asesinato de Silvia. La Manada no necesitó la violencia para abusar de su víctima y violarla. El agresor de la última víctima de violencia machista necesitaba la violencia para someter a Silvia. Como tantos otros para hacer lo mismo contra las mujeres, a las que consideran personas de segunda. Los jueces deberían decir ¡basta! a fallos que nos hacen retroceder años de avances. Este miércoles les leyeron la cartilla en el Parlamento Europeo. Deberían pensar lo mucho que pueden hacer para contribuir a una vida digna y sin miedos de muchas mujeres.