ESPEJOS PARA LA BASE / ISRAEL MANIEGA
Un entrenador de cinco estrellas
De sus manos nació hace cuatro décadas el Aula, un club de barrio con una faceta social que con los años se ha convertido en una fábrica de éxitos con cinco campeonatos de España de base y un ascenso a División de Honor
Israel Maniega posa en la puerta delpolideportivo de Cistóbal Colón, «la fábrica de balonmano» en la que creció elAula.-J.M. LOSTAU
La historia se escribe con la sangre que sale del corazón y el de Israel Maniega late por y para el balonmano. El entrenador vallisoletano ha sido el arquitecto que ha logrado hacer de una casa molinera, típica de los barrios obreros del pasado, un rascacielos con vistas a las nubes. Un edén construido con pasión y amor por el deporte en cuya puerta reza el nombre del Aula Cultural y en el primer ladrillo la firma de Maniega.
Paradójicamente, el primer paso no siempre marca la dirección del camino a tomar. La de Maniega apuntaba con el pie a una portería de fútbol y terminó apuntando con la mano a una de balonmano; un juego del destino. El actual segundo entrenador del Aula Alimentos de Valladolid circulaba por el CD Las Flores (donde jugaba de central) cuando el alcalde de la ciudad decidió ubicar una de las seis aulas culturales en el barrio de Israel Maniega, que vio en la actividad deportiva un velo que no dejara ver la realidad de la droga que se movía a escasos metros. «Era un barrio casi marginal. Los niños para ir al colegio o a jugar tenían que pasar por el barrio de la Esperanza yo quería que esa juventud no pusiera los ojos en esa parte», explica.
En plena baraja de actividades de ocio a Israel Maniega le tocó sacar la carta del balonmano. «Un grupo de chicas que entrenaban en el colegio de las monjas me dijeron que si las podía entrenar. Yo sólo sabía lo que había visto alguna vez por televisión, así que me compré 4 ó 5 libros de técnica y me puse a entrenar», recuerda. Todo ello en un patio de 28 metros de largo por 14 de ancho, donde las líneas de portería y de banda estaban pegadas en la pared. A pesar de sus dimensiones, ese pequeño oasis llamaba la atención de cada vez más niñas interesadas en jugar al balonmano.
La expansión llevó a Israel Maniega a llamar a la puerta de un recién creado colegio Pío del Río Hortega, donde brotó la primera cantera del Aula. «Allí empezamos a hacer base», explica Maniega. El primer año de vida, los equipos infantiles, masculino y femenino, se proclamaban campeones de Valladolid, como si de un presagio se tratara.
Las aguas llevaron al Aula Cultural al Cristóbal Colón, donde nació el club como hoy se le conoce. El Cristóbal Colón (femenino por aquella época) se unió al Santiago López (rama masculina) para fundar en 1986 un club mixto tras una conversación con Alfonso Rodríguez. Fue en esa época en la que un Israel Maniega que desayunaba, almorzaba y comía balonmano debido al continuo crecimiento del club decide enrolar en el Aula a Miguel Ángel Peñas. Desde entonces han formado un equipo perfecto.
Los éxitos saltaron de plano. De un primer plato cuantitativo se pasó a un segundo cualitativo. Un menú de alta cocina que se sirvió con el Colegio Virgen de Europa como invitado en la mesa. El equipo malagueño acompañó al Aula en una foto para la historia: la consecución del primer campeonato de España en el año 1992. Mientras Cobi amenizaba los Juegos Olímpicos en Barcelona y Curro daba color a la Expo de Sevilla, el club vallisoletano que Maniega había visto nacer pintaba la primera de las cinco estrellas de las que presume el club en su escudo. Tardó 16 años en sumar la segunda, la que tallaron con gracia en la temporada 2007/2008 una hornada de jugadoras salidas del Cristóbal Colón que se pusieron la corona de reinas los cuatro años siguientes.
La «fábrica de balonmano» del colegio vallisoletano se había puesto a trabajar a pleno rendimiento con una generación de jugadoras que llevarían al Aula hasta lo más alto del balonmano nacional, donde hoy, 40 años después, lucha por romper las fronteras de España y luchar por entrar en Europa, una locura quijotesca hace cuatro décadas y una realidad a pocos centímetros a día de hoy. «La explosión de todo esto fue en la 91/92, pero el bombado le dimos en 2013, cuando subimos a División de Honor. Cuando visualizas al Aula de 1976 y ves a lo que ha llegado... Antes era la envidia ir a Huerta del Rey y pensar si algún día podría ver a mi club allí. Ahora entreno todos los días donde siempre había soñado», reconoce Maniega.
El joven soñador que trasmitía a las chicas lo que leía en los libros y que hacía, para asombro de propios y extraños, que el balón circulara con fluidez a pesar de entrenar sin luz, se ha convertido en un sabio del 40x20; una media naranja deportiva para Miguel Ángel Peñas, al que ha cubierto a la perfección durante la larga travesía por el desierto del primero a cuenta de una sanción. «Ha sido muy bonito, te puedo decir que sí», admite al tiempo que recuerda que la primera espada está en el cinto de su compañero, junto al que ha llegado a un mundo que le ha absorbido por completo: «Desde que empecé me ha llenado muchísimo. Mi vida son 24 horas al día de balonmano», concluye.