¿Deuda prescrita?
PUNTO y final. Salvo que un recurso salvador de última hora lo recupere, el caso de Santos Llamas, ese que en el que se investigaba el por qué de los más de 70 millones de créditos concedidos a este personaje que representa como nadie los años de la especulación y de la burbuja inmobiliaria cuando era presidente de Caja España, va camino del archivo. Y no porque no exista delito, que de eso iba la investigación de la causa, sino porque según el juez el asunto está prescrito.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que esa prescripción viene motivada por la lentitud del propio Juzgado que ahora la dictamina. Y aquí no pasa nada. Nunca pasa nada.
¿Cómo es posible que se tarden más de dos años desde que la Fiscalía denuncia y hasta que se solicita la primera declaración de los imputados, que ahora edulcoran como investigados?
¿Cómo puede ser que transcurran otros tres años más hasta que se realiza la última y efectiva petición de declaración de esos que en el consejo de la Caja dieron de paso y renovaron los créditos de su entonces presidente?
¿Cómo puede ser que el mismo juez que dicta el archivo del caso, días antes del sobreseimiento hiciera pasar a los encausados por el juzgado para tomarles declaración?
Y, lo más importante, ¿cómo se explica que nadie en el Juzgado, ni en la Fiscalía se percatara de la posibilidad de prescripción y, por tanto, del riesgo claro de sobreseimiento?
Todo esto suena a burla y a la misma impunidad con que se movieron siempre los consejos de administración de las diferentes cajas de la Comunidad. Cónclaves repletos de políticos de tres al cuarto y personajes de medio pelo, que no eran más que parte de esa cuota, de ese peaje con el que se pagaban otro tipo de pactos políticos.
Ya está bien de tanta impunidad, de mirar para otro lado y de hacer como que aquí no ha pasado nada. Ha pasado, y mucho. Y sino pregúntenselo a esos ahorradores a los que se les engañó vilmente para sacarles un dinero que era suyo y que ahora ven cómo, si quieren recuperarlo, deben esperar a una sentencia judicial.
Y, mientras, el ínclito Santos Llamas y todos los ahora prescritos que le sustentaron siguen pavoneándose. Sólo una pregunta más: ¿Señor juez, la deuda de Llamas también está prescrita o ya la hemos pagado entre todos?