La cara dura del turismo
FITUR cerró sus puertas con viento a favor, un rasgo que conserva desde sus inicios en los ochenta. Incluso en los peores momentos de la crisis este certamen sectorial salía airoso. Ahí está el histórico de sus cuentas de resultados, siempre al alza con más metraje, mas profesionales, países y expositores y euros contantes y sonantes para la capital de España, este año algo así como unos 250 millones de euros que los cien mil profesionales han dejado en la villa del oso y el madroño y en su cinturón geográfico. Son los rentables efectos colaterales. La cifras cantan solas. Esta lotería siempre toca en Madrid por varias razones, la fundamental es porque juegan muy fuerte al mismo número desde IFEMA y desde hace décadas apostando con infraestructuras, calendario inamovible y un perfil sectorial que no ha cedido al ministro/a de turno, ni a cambios de estrategia. Así Fitur se ha ganado el liderazgo mundial. Y por eso es un talón al portador. Su mensaje sigue sorprendiéndonos a todos.
Resulta que se vende paz, hospitalidad, apertura de fronteras, sin xenofobias, ni racismo, ni distinciones entre países pobres o ricos, judíos o cristianos, musulmanes o budistas. Caben todos: Venezuela y Cuba, Rusia y EEUU, Irán y Alaska ... y todos con un buen rollo y una sonrisa vendiéndose a la vez. Este año se lo han comprado 250.000 clientes a pie de stand. Fitur es la cara blanda de un planeta insolidario, en armas y castigado por malas conductas medioambiantales y salpicado de injusticias territoriales en los cinco continentes, esa si es la cara dura del planeta. Sobre la moqueta de los pabellones de IFEMA cada año suenan músicas y colorines para mostrar la faz mas bella del mundo con una gran sonrisa que habla de comer, de ocio, descanso, viale, cultura y placer. El turismo va bien. Incluso aquí en región, en Castilla y León, que a pesar de perder su termómetro de INTUR por ineficaces, irresponsables y mantas pues, también nos va de perlas. Hemos conocido con amplificador las cifras de nuestro sector turístico.
Crecemos en empleo, afiliaciones, volumen de negocio, viajeros y pernoctaciones. Pues claro, el campo estaba sembrado y solo necesitaba calma económica, las infraestructuras las tenemos y llevamos 25 años creando producto.
Ahora lo que habrá que analizar es la intrahistoria de nuestro rentable turismo de interior con un sector profesional desgranado, deshilachado y sin apenas interlocución, una estrategia de imagen y producto turístico regional desnortada, cada campaña se aleja de la anterior y nos despersonaliza y el error endémico por el que cada «mandamás» decide y cambia las cosas como si supiera. Esta si que es nuestra cara mas dura del turismo.