Diario de Valladolid

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LA DERROTA rural va dejando nuestros pueblos dispuestos para el fuego o para la voracidad ambiental, que arrasa peñas y arroyos sin importar cautelas ni previas declaraciones de impacto. La estrategia parece responder al impulso del alirón, y una vez consumada la tropelía, que la digieran los incautos. Tal que así andamos. Con novedades, que de vez en cuando nos alcanzan, a pesar de la marea dominante, que ha optado por el pliegue. De hecho, los indicios, cuando apuntan, suelen esconder siempre un aroma revenido, por chocante que resulte su enunciado.

Es lo que pasa con la decisión del Consejo de Energía de la Unión Europea, donde los 28 países aceptan prorrogar hasta 2030 la generación eléctrica con carbón, manteniendo las subvenciones a las térmicas. Ese sí es el foro competente para adoptar decisiones y no la campechana locuacidad del galán vasco charro de Iberdrola con sus accionistas. Pero entre medias se esfumaron 440 millones de euros en ayudas públicas para dotar a las térmicas de filtros que limiten sus emisiones contaminantes a la atmósfera. Ayudas cobradas y pagadas, aunque no en todos los casos con las inversiones ejecutadas.

Lo grave del mejunje es que pareciendo un truco pandillero, funciona. Y en esa deriva desmandada, no todas las culpas corresponden al panameño Soria, que por ahí desfilaron tipos ocurrentes como Miguel Sebastián, que ahora predica por provincias lo que fue incapaz de ejecutar como ministro, o tan lacios como Montilla y Cos, que siempre estuvieron a otra cosa mientras las eléctricas les trucaban las jícaras.

Sin que Rajoy nos despiste, por venir a León de excursionista, quienes se anuncian próximos son los ladrones de campanas, después de la razzia por las Merindades y por la montaña palentina donde hubo carbón. La guardia civil detuvo en Vizcaya a dos ladronzuelos, aunque de momento no se ha recuperado ninguna de las docenas de campanas sustraídas, cuya aleación las convierte en pieza codiciada, por su fácil salida y rápida fundición. Además, son prenda tentadora y asequible en la nocturna desolación rural.

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