EDITORIAL

La A-11 se reactiva pero los plazos siguen siendo largos

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BUENA NOTICIA. Así es como debe calificarse el hecho de que el Ministerio de Fomento reactive los tramos de la autovía del Duero a su paso por la provincia de Valladolid.

Unos tramos, dos en concreto los que van desde Quintanilla de Arriba y hasta Tudela de Duero que lleva años y años durmiendo el sueño de los justos y que ahora, parece que ya de forma definitiva, dan un paso hacia adelante con la aprobación de su trazado definitivo y la licitación de los mismos.

Nadie duda que la complejidad de los mismos en cuanto al trazado, por la obligación clara de perjudicar lo menos posibles a los viñedos de la Ribera del Duero, ha contribuido a esta demora en el tiempo. Pero eso no puede servir como excusa perpetua que venga a frenar el impulso definitivo de una infraestructura que, como viene reclamando la Junta de Castilla y León con su presidente Juan Vicente Herrera a la cabeza, es de vital importancia para el desarrollo y la vertebración de la Comunidad.

Bienvenida sea por tanto la aprobación del trazado y su licitación por parte del Ministerio que dirige Íñigo de la Serna. Pero ni lo uno, ni lo otro servirán de nada o más bien de muy poco si el desarrollo posterior de la obra, con sus diferentes fases y procesos, no camina a velocidad crucero.

Es de exigir al menos que la A-11 ya no se frene, aunque lo exigible sería que el ministerio acelerara los plazos para tratar de recuperar gran parte del tiempo que se ha perdido.Y es que de nada servirá esta reactivación si esos plazos previstos se mantienen más allá de los próximos cuatro años.

Si existen dos proyectos de autovías que resultan fundamentales para Castilla y León y que todos los estamentos sociales, políticos y económicos de la Comunidad vienen reivindicando, son la A-11 y la Valladolid-León. Una A-60 cuyo tramo central, el más largo y que une Villanubla con Santas Martas, sigue guardado en un cajón sin que de momento existan visos reales de que pueda salir de ese obstracismo.

La licitación y aprobación del trazado en Valladolid supone un espaldarazo para la autovía del Duero y significa recuperar una obra que ha visto, a lo largo de los últimos años y con gobiernos de uno y otro color, cómo vivía de promesas incumplidas.

Ahora se reactiva, se recupera una infraestructura a su paso por la provincia vallisoletana, algo que debe ser valorado. Pero sobre ella continúan pesando unos plazos de fin de obra demasiado largos. Plazos que, además, la historia reciente demuestra que casi nunca se cumplen y que, lejos de acortarse se alargan. Es de esperar que esta vez sea la excepción.