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EL ciclismo debería ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad y la propiedad de una bicicleta, un derecho más. Algo así como una «suerte comunal». Se nos ha olvidado que con ellas hicimos piernas tres generaciones. Caballitos esqueléticos de hierro que iban a pedales y no necesitaban espuelas. Solo unas pinzas robadas al tendal para coger el bajo del pantalón. En bici, muchos fuimos a la escuela a varios kilómetros de nuestras casas. Y a trabajar y a repartir el correo y a ver a la novia como hacia Delibes desde Molledo a Sedano.

La bicicleta nos enseñó muchas cosas. Y la más importante, que un pinchazo se arreglaba y se podía seguir rodando en la vida. Y que Chanquete y ET no hubieran existido sin un grupo de chiquitos pedaleando. Pero como era de esperar la rueda y el pedal serían objeto de competición. Y así nació el ciclismo como modalidad deportiva. Y se instaló en la memoria del común. Y lo mejor es que después de un siglo de Giro, Tour y Vuelta sigue sin perder la esencia del espectáculo a la intemperie y logrando el calor humano y el aplauso social de lo más variopinto. Desde sus orígenes llenó las cunetas de gente, de hombres y mujeres, de ancianos y niños de toda condición que aplaudían y animaban a los ciclistas con una pasión desmedida que jamás recibieron otros astros del deporte, tan lejanos del común.

Somos una región de puertos de montaña y de llanuras inmensas. Nuestro territorio es ideal para el ciclismo rural, de ahí nuestros campeones. Es cierto que lo es en todas las partes pero en Castilla y León especialmente. El ciclismo deportivo se hace grande y salta a los laureles nacionales saliéndose de las autovías y rodando por las carreteras rurales más inhóspitas. Pasa por aldeas y poblaciones de montaña y asciende a los puertos donde nuestros bisabuelos invernaban con el ganado. El ciclismo es el único deporte de masas que está literalmente en contacto con la naturaleza, al aire libre, que se practica a la intemperie, sin entradas ni vallados ni recintos cerrados. El ciclista es un canto a la libertad, al esfuerzo. Es un titán, un héroe, una estrella del deporte que todos pueden ver a pocos metros de distancia pasando por su pueblo, por la ventana de su casa y desde la terraza del bar. El ciclismo nos devuelve el sabor de los caminos de interior y es el único que se acuerda de los últimos habitantes del medio rural.