Desamparo rural
El desamparo en que ha ido quedando relegado nuestro ámbito rural garantiza, entre otras cosas, la práctica impunidad de los pirómanos, aunque cometan la atrocidad de chiscar un parque natural, como ha ocurrido hace poco en Aldeadávila de la Ribera y en Pino del Oro. Tampoco importa que apliquen el mayor descaro a sus fechorías incendiarias, porque el abandono rural alcanza a todos los servicios, también a la vigilancia de la Guardia Civil. Por eso, no debe extrañar que los pirómanos acuerden su fechoría en pandilla, incendiando simultáneamente por diversos puntos.
Mientras no se entienda que el paisaje natural de los Arribes tiene un valor superior al saqueo de la Federación Española de Fútbol, seguiremos asistiendo atónitos a la aplicación de un cuerpo de seguridad rural como la Guardia Civil a descifrar el expolio organizado por los peloteros desde la periferia de Madrid, mientras arden impunemente los parques naturales. Hace demasiado tiempo que la benemérita relegó el control rural para dedicarse a funciones de más relumbrón. También necesarias, pero sin duda subalternas a la vigilancia rural para la que se fundó.
Por eso, cada vez que los responsables de Medio Ambiente anuncian medidas de castigo para los delincuentes incendiarios, los vecinos de cada lugar que pueden conocer a quienes provocan los fuegos adoptan una actitud evasiva y se llaman andana. Ya saben por experiencia lo que cada cual se juega en el trance. La guardia civil conoce como mucho el territorio de su circunscripción de visitarlo en coche una vez al mes. Y como en la mayor parte de los pueblos tampoco hay ya bares ni lugares de reunión, no conoce a los vecinos ni de vista.
Pero este desprecio generalizado al mundo rural no afecta sólo a la seguridad, aunque sea lo prioritario. El lugareño que pretenda pagar una infracción de tráfico, se encuentra con la paradoja de que únicamente puede hacerlo en las oficinas de La Caixa, entidad precisamente no muy implantada en el medio rural. Y que además en agosto cierra las oficinas rurales y remite a la capital.