Las Edades y los partidos
EL ABURRIMIENTO, la mediocridad y el rencor mueven montañas. Al menos tan grandes como las que mueve la fe. Uno solo de esos estados es capaz de activar la maquinaria del cotilleo, la malversación de opiniones e incluso de provocar que se incoen unas diligencias previas del mismo modo que se fríen un par de huevos.
Un librero, parece que despechado, ha denunciado el engorde de las cifras de visitantes de las Edades del Hombre. Pese a que la edición que ahora se celebra en Cuéllar se titula Reconciliare, parece que el ánimo del disgustado no es precisamente amoroso. Suena a ajuste de cuentas, impulso de tantos crímenes y motivación de tantas confidencias para un uso nada inocuo ni inicuo.
Dos veces he estado ya en la visita a las iglesias de San Andrés, San Martín y San Esteban, templos de mudéjar sobresaliente, presentes en el discurrir de mi vida vinculada con mi familia materna.
En tanto en cuanto Las Edades, y la Fundación que las sustenta gestionan dinero y recursos públicos, la realidad y la transparencia deben presidir su actuar. Lo contrario es malversar, ciertamente. Si es necesario un control mayor y mejor, ha de realizarse. Las exigencias legales y la tecnología permiten ofrecer claridad, y la luz no es mala para Las Edades.
Otra cosa es que los partidos no gobernantes en el territorio CyL, PSOE, Podemos y Ciudadanos se hayan mostrado tan receptivos a los hechos denunciandos cuando es notorio que las estructuras políticas y sindicales son los ámbitos organizativos es los que mejor anida la oscuridad de cifras, estadísticas y números. Las cuentas y los listados de afiliados de los partidos políticos y de los sindicatos siempre han respondido al juego de contrastes (blanco/negro, el dinero; vivo/fallecido, el afiliado).
Tras la visita a Cuéllar, la verdadera preocupación de Las Edades debe concretarse en el modelo expositivo y comunicativo del mensaje y, derivado de ello, la edad media de los visitantes. Fe y ciencia, ayer y hoy.