Redacción de Valladolid

La diversidad de la riqueza

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La diversidad es riqueza; que cada cual sea quien dice ser y ame a quien quiera amar». Hago mía la frase del colectivo Acción en Red de Burgos que, este miércoles, escenificaba con Chrysallis, la Asociación de Familias de Menores Transexuales, un acto en la Plaza Mayor contra la intolerancia y el prejuicio en el día internacional contra LGTBIFOBIA. La jornada pasó desapercibida. Y eso que España cayó de la quinta a la novena posición en la última edición del informe anual sobre la situación de los derechos de las personas LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales) en Europa. Y el desplome no fue mayor porque hay comunidades que se han preocupado más por mejorar la vida de estas personas.

Es muy posible que usted, como yo, asuma ya el derecho de homosexuales y lesbianas a vivir con entera libertad, con plenitud y sin discriminación su diferencia. Seguro que hoy ya no le sorprende, como ocurría hace treinta años, ver a dos personas del mismo sexo biológico besarse en la calle o ir de la mano. Sin embargo, es muy probable que le suene más extraño aceptar la transexualidad y que esa condición le provoque todavía un cierto rechazo. Sepa que, según la Federación que agrupa a estos colectivos, un 80% de los transexuales de Castilla y León emigran a otras regiones por la discriminación que aún existe en una de las zonas más atrasadas del país a la hora de asumir las dificultades y el sufrimiento de estas personas a las que equivocadamente se asociaba en tiempos a los gays.

Una sociedad que tuvo el privilegio de ser de las más avanzadas del mundo por legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo biológico no puede dar marcha atrás y estigmatizar desde pequeños a quienes se sienten distintos y quieren ser diferentes a la norma. El sexismo cultural condena al sufrimiento a muchas personas. Hay que asumir y visibilizar la realidad oculta de quienes con todo derecho ven que en la sociedad no sólo hay hombres y mujeres, sino personas que son más o menos hombres y mujeres, y otras que viven en una intersexualidad deseada.

Puede que estemos lejos de sentir como propio lo que es una realidad, pero esa diversidad rica y aún oculta debe emerger para acabar ya con la desgracia del perjuicio que tanto daño hace. Hay que facilitar la integración y la diversidad que lleva a las personas a ser felices porque pueden visibilizar su realidad afectivo-sexual. Que cada uno sea quien dice ser y ame a quien quiera amar. Es la base del respecto a la diferencia y a una diversidad que es riqueza; también, porque evita traumas.