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POCO FUTURO tiene el ya casi olvidado ex secretario federal del PSOE en Castilla yLeón. Al menos entre los suyos. Al menos por lo que transmita el propio aparato e incluso algunos de, en otros tiempos, sus más abnegados correligionarios. Al menos así quedó patente en ese tardío comité regional prenavideño. Y en la presunta cumbre de ayer. Que más que cumbre fue poco más que una loma. Tudanca se ha quedado prácticamente sólo en la defensa de la vuelta de Pedro Sánchez. Se ha quedado tan sólo que cuando se quiso dar cuenta ya predicaba en un desierto.

Ni el alcalde de Valladolid, el que fuera uno de sus principales valedores cuando la asonada propiciada por Susana Díaz, cree ya en las posibilidades de Sánchez. Y eso no significa que él se postule para el asunto como han pretendido algunos, con ánimo de impulsarle o de desgastarle, o de ambos. Que el ánimo en política suele ser excesivamente plural. Si alguien cree que Óscar Puente va a entrar en esa batalla es que subestima el olfato político del regidor vallisoletano.

Aciertan quienes vaticinan que Puente y su homólogo soriano, Carlos Martínez Mínguez, comparten ambiciones. Pero no son las del liderazgo regional a la vista de que Tudanca se ha inmolado en su tenacidad con Pedro Sánchez y parece tener los aliados y los congresos contados. Ninguno de los dos quiere reinar en esta jaula de grillos tan ruionsa en la que se ha convertido el PSOE de Castilla y León, tras el fructifero paso de Óscar López. Los dos apuntan antes. Los dos apuntas a la primera de las batallas. Los dos saben que Ferraz en su sitio. Para Castilla y León ya encontrarán apaño, si no aparece un mirlo, blanco o negro, pero mirlo.