Diario de Valladolid

EDITORIAL

El esperpento de las decisiones en torno a Gago

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CUANDO SE PENSABA que en lo que tenía que ver con el caso del asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP leonés, Isabel Carrasco, ya se habían superado todo los límites de la lógica viene a sumarse un nuevo capítulo. Y, una vez más, con la policía local, Raquel Gago, condenada a catorce años de cárcel como cómplice del crimen, como gran beneficiada.

La decisión del magistrado-presidente del Tribunal del Jurado Popular, Carlos Álvarez, de declararse incompetente para mandar a prisión a Gago, tal y como le reclaman la Fiscalía y las acusaciones tras conocerse la condena del Supremo, podría calificarse de esperpento, sino fuera porque se está hablando del asesinato de una persona.

Esperpento que es uno más de los que ya se han vivido en este proceso judicial, con un magistrado que cometió una «grave error», tal y como él mismo reconoció, en el objeto del veredicto; o que pasó por alto la desaparición durante más de 18 horas de uno de los abogados, precisamente el de Raquel Gago, y le permitió que no diera ni una sola explicación a la Sala, pese a que el juicio se tuvo que suspender durante una jornada.

Sin olvidar que fue este juez quien revocó el veredicto del jurado para minorar la condena de Raquel Gago, de los quince años que le impusieron los miembros del jurado a los sólo cinco de su sentencia.

Y, ahora, Carlos Álvarez se declara incompetente y decide que sea el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Castilla y León quien diga si la polícia local, a quien este juez su día levantó la prisión provisional y sin fianza que la titular de Instrucción número 4 le impuso tras tomarle declaración cuatro días después del crimen de Carrasco, ingresa o no en la cárcel.

El esperpento de estas decisiones en torno a Gago causan un enorme malestar, cuando no una gran confusión social. Por no hablar del espectáculo judicial en el que, con este último auto en el que declara a la sala que preside como incompetente, Carlos Álvarez está metiendo al TSJ Castilla y León y al Supremo.

Altos tribunales que, conviene no olvidar, acaban de dar un varapalo, judicialmente hablando, al presidente del jurado al volver a los postulados del veredicto.

Llegados a este punto, y tal como se ha defendido siempre desde este periódico, la realidad es que Raquel Gago está tan condenada por asesinato como las otras dos: su amiga Triana Martínez y la madre de ésta y asesina confesa, Montserrat González. La petición del fiscal y de las acusaciones del «inmediato» ingreso en prisión está justificada por el «evidente riesgo de fuga». Eso sí que no es un esperpento. Al contrario, está fundamentado.

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