EDITORIAL

Un torneo que es obligado camine hacia la normalidad

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TORDESILLAS VIVIÓ, un año más, su Torneo del Toro de la Vega, ahora rebautizado como el Toro de la Peña después de que la Junta de Castilla y León prohibiera a través de un decreto la muerte del astado.

Y, otro año, la villa vallisoletana fue el punto de encuentro en el que chocaron los defensores del torneo como estaba, aquellos que apelan a la tradición para defender que el animal sea alanceado al final del recorrido; y los antitaurinos, que aplauden la nueva norma del Ejecutivo por la que se prohíbe el rito final de la muerte del toro.

Unos y otros volvieron a enfrentarse, a cruzar insultos, aunque cierto es que este año con muchos menos incidentes que en ediciones anteriores. Al final, ‘Pelado’, que así se llama el astado que ayer se paseó por las calles de Tordesillas, y que puede volver a hacerlo este viernes, durante el encierro realizó su recorrido y el renombrado Torneo de la Peña, el encierro en sí, se celebró con absoluta normalidad.

El Ayuntamiento de Tordesillas recurrió ante el Constitucional, y está en su derecho, el decreto por el que el Ejecutivo autonómico ponía punto y final al Toro de la Vega tal y como se venía celebrando hasta ahora, con el alanceamiento del toro. Y tendrá que ser el Alto Tribunal quien finalmente determine quién tiene la razón.

Pero, es obligado que el festejo del Toro de la Peña o de la Vega, que poco importa su nomenclatura, comience a desarrollarse ya por los cauces de la más absoluta normalidad. Los tordesillanos y tordesillanas merecen poder celebrar su festejo, el de ahora, el de ayer, aquel que viene regulado por la nueva norma, como lo que realmente es, una tradición y una fiesta. Hacia ahí es a donde tiene que encaminarse el torneo. Y en esta tarea tienen que trabajar todos. Los defensores del anterior torneo y los detractores, entre otras razones porque el encierro de ayer fue la mejor demostración de cómo desarrollar el festejo, al menos en ese espacio de tiempo en el que el toro recorre la localidad vallisoletana, con normalidad.

Pero, sin duda, quienes tienen que liderar este camino hacia la necesaria, la obligada, normalidad del evento son las administraciones, todas sin excepción.

Tordesillas volverá a vivir el año que viene un nuevo encierro, un nuevo Toro de la Peña, y es de desear que para esa ocasión los ánimos de todos y la tensión se haya rebajado ya a esos niveles de normalidad, para que las gentes de la localidad y quienes se acerquen a disfrutar de sus fiestas, de sus encierros, vean un Toro de la Peña sin altercados, sin incidentes y sin más manifestaciones que las festivas.