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LA FACHADA del colegio vallisoletano de San Gregorio anticipa el asombro de su patio Mayor, cuyos encuadres adornan la memoria fotográfica de las visitas al museo. Me refiero al Museo Nacional de Escultura, que recoge en sus salas el tránsito esencial de la expresión renaciente, en una secuencia que conduce desde el equilibrio trágico de Alonso Berruguete al manierismo genial de Gregorio Fernández, pasando por el apacible sosiego de Juan de Juni. Este verano el museo nacional incorpora el aliciente de la muestra «Últimos fuegos góticos», que recoge más de medio centenar de obras de los artistas más relevantes de la edad de oro de la escultura alemana, despojada del color y de la figuración por la reforma protestante, que impuso una vía de aproximación a Dios sin intermediación santoral.

Piezas de Hans Thoman, Veit Stoss o Leinberger reflejan aquel viaje obligado desde la figuración gótica al arte abstracto. Son los coetáneos del genial Durero. Para ese tránsito, los artistas supieron escoger soportes de expresiva desnudez, como la madera de tilo, cuya tonalidad ambarina acoge y proyecta volúmenes con audacia barroca. Su legado más poderoso en el aquel obligado camino de acercamiento a Dios fue la música, que florece en Alemania como en ningún otro lugar. La música se convierte en el soporte más abstracto para conectar pensamientos y creencias.

La exposición ofrece medio centenar de piezas procedentes del Bode Museun de Berlín, cuya excepcionalidad refuerza la condición nacional del Museo de Escultura de Valladolid, después del largo período de distracciones promovido desde el ministerio de Cultura. Y supone una ocasión única para disfrutar de una tradición complementaria a la del propio museo de Valladolid. Aunque no cabe olvidar, atraídos por el esplendor de esta muestra, la temporada de penurias a que se ve sometido un museo que renovó el montaje de sus espacios, despojándolos de las cretonas que le daban un inconfundible aire de sacristía, pero que sigue padeciendo las carencias agudizadas por los recortes de la crisis.