De caciques, Elgorriaga y políticos honestos
¿QUIÉN HABRÁ embaucado al bueno de Pablo Casado, uno de los valores en alza del PP, a transitar por Elgorriaga acompañado de los que escoltaron en una etapa nada lejana al artífice de la ruina de la que intenta salir la chocolatera abulense? Seguramente el joven político ya se habrá dado cuenta de que sólo pretendían usarle para, con su imagen, ejercer presión a quienes tienen que volver a arriesgar su dinero para salvar una empresa emblemática, símbolo de esta comunidad. Pero esta vez les han fallado los cálculos, nadie se va a dejar amedrentar por esos sutiles chantajes de que los responsables del futuro de Elgorriaga serán los que no refinancien la deuda a ojos cerrados. El dinero público, el que avala la Junta, es decir todos los ciudadanos de Castilla y León, abulenses incluidos, es para usarlo con el más absoluto de los rigores y seguridades. Llueve sobre mojado con los dos principales directivos de Elgorriaga. Los que compraron la empresa por un par de euros y pretendían que les refinanciasen con fondos públicos cuatro millones devorados por el anterior propietario el que intentó huir con la marca bajo el brazo, principal activo de la compañía. De no haber mediado la sagacidad de la Junta, la marca ya estaría en otras manos, vendida a buen precio, como pretendieron los gestores y la factoría sería un fantasma del pasado. Algunos dirigentes del PP de Ávila y algunos dirigentes de la patronal deben explicar la connivencia que mantienen con los autores intelectuales y económicos de la ruina que hoy mantiene en jaque a Elogorriaga. Y Casado debe fiarse, en futuras ocasiones, más de sus compañeros honestos y comprometidos, como la consejera de Agricultura, Milagros Marcos, que de los caciques de nunca de la cepa hispana que todavía confían que Ávila siga siendo su Cortijo.