EDITORIAL

Un plan para optimizar los recursos de la sanidad

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LA CONSEJERÍA DE SANIDAD cerró el curso político exhibiendo ayer su ambicioso plan de Unidades de Gestión Clínica (UGC). Un instrumento ideado para desencorsetar la estructura sanitaria, principalmente en el ámbito laboral, y conseguir obtimizar los recursos humanos y tecnológicos que la Junta pone al servicio de la sanidad pública en Castilla y León.

Se trata de un plan que arrancará con 15 proyectos en hospitales y áreas de salud de Castilla y León, siempre y cuando no se encuentre, que se encontrará, con el escollo de los todopoderosos dirigentes sindicales sanitarios, capaces, como han demostrado en no pocas ocasiones, de torcer la voluntad y determinación del departamento que dirige el psiquiatra Antonio Sáez en sus intentos por modernizar la sanidad en un territorio en el que, como en pocos en España, se ha protegido en ahínco y decisión en los peores momentos de la crisis.

Las UGC favorecen la autogestión de los equipos, flexibilizan los horarios para adaptarse al paciente y a la enfermedades y optimizan la gestión de espectacular tecnología hoy infrautilizada por el rigor de horarios que hoy existe tal y como quedó claro en las experiencias pilotos que se están desarrollando en Salamanca (Cardiología), Zamora (Psiquiatría), Soria (Quirúrgica) o Peñafiel (Atención Primaria).

Son planes cuyo éxito fundamentalmente radica en el compromiso de los profesionales por adaptar la sanidad a la realidad, y acabar en buena medida con una situación en la que las enfermedades y los pacientes ahora mismo tienen que adaptarse a los horarios laborales de los profesionales que los atienden.

Ofrece flexibilidad y capacidad de participar en la gestión a quienes son los principales actores de la Sanidad, los profesionales que diariamente la practican en Castilla y León, relegando en parte el poder burocrático que ahora mismo atesoran gerencias y direcciones que adoptan medidas teóricas que a veces no encajan con la práctica diaria de lugares tan diversos con peculiaridades tan variadas como El Bierzo o Soria.

A primera vista un buen plan, que por mucho que algunos agentes sindicales quieran confundir, no atesora ningún estigma privatizador, pues todo se sigue rigiendo desde el Sacyl, que sobre todo y por encima de todo debe estar encaminado a mejorar la atención. Y eso, estadísticamente, se medirá en la reducción de las listas de espera, que se le siguen atragantando al actual consejero. Pero además, un plan que no debe regirse por un puro criterio mercantilista de ahorros de recursos, sino de optimización del fabuloso capital humano que atesora la sanidad pública de Castilla y León. Una nueva era comienza en la sanidad regional. Confiemos en que la cordura, la sensatez y el servicio a los ciudadanos dirija a quienes tienen que avalarla.