EDITORIAL

Un crecimiento muy desigual que el Gobierno debe atender

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LAS PREVISIONES DE crecimiento económico ofrecidas ayer por el departamento de estudios del Banco España Duero vaticinan un horizonte de crecimiento en Castilla y León durante 2016. Si bien es cierto que más atenuado que el pasado ejercicio y con los análisis efectuados antes del efecto ‘Brexit’, cuyas consecuencias redundarán en una merma en el crecimiento del conjunto de la zona euro y de España en particular, tal y como ayer mismo auguró el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En cualquiera de los casos, que el escenario que dibuja la entidad financiera netamente afincada en Castilla y León sea de crecimiento es más que positivo.

Menos positivo resulta comprobar que el mismo estudio ofrecido por la entidad que en Castilla y León lidera María Luisa Lombardero rebaje mucho más la creación de empleo que el crecimiento económico. El crecimiento económico cotidiano se traduce fundamentalmente en la merma del paro que es esencial para mejorar la demanda interna, tan necesaria para afrontar una salida seria, rigurosa y solvente de una crisis cuya sombra nos persigue en forma de brutal desempleo.

Pero ciertamente los más preocupante de los datos arrojados ayer por los expertos de España Duero es el desequilibrio que sigue produciéndose entre unas provincias y otras. Un desequilibrio que sin ser exagerado en los datos de la previsión sí es preocupante por cuanto ha crecido y engordado durante los años de la crisis. Y eso se ha traducido en que las provincias más industrializadas (Burgos, Valladolid y Palencia), las que mejores perspectivas ofrecen, hayan abierto una enorme brecha con el resto que conforma la Comunidad.

Ese es un aspecto que el Gobierno de Herrera debe atender sin más dilación. Y sin duda hace preciso un plan que, sin perjudicar ni agraviar a esos territorios más industrializados, permita al resto de provincias recuperar el terreno perdido. No sólo es esencial para lograr un equilibrio imprescindible en una Comunidad tan dispersa y enorme, sino que también es fundamental para atajar el gravísimo problema de la despoblación, que cada vez estrangula más las enormes posibilidades de futuro que, sin duda, ofrece Castilla y León.

La apuesta por la industria que ha dejado claro Herrera como eje de su política económica y de crecimiento para los próximos años debe tener, sin ningún género de dudas, una incidencia más acentuada precisamente en esas provincias que durante la crisis han visto mermado un sector que ya era enormemente exiguo en su dinamismo económico.

Esa es, o debe ser, la conclusión política de unos datos que invitan al optimismo en Castilla yLeón, pero no al conformismo, y que certifican los crecientes desequilibrios de un territorio que debe caminar en común y unido también en el crecimiento.