Diario de Valladolid

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LA ESTADÍSTICA de variaciones residenciales, que ayer publicó el Instituto Nacional de Estadística, viene a confirmar la delicada situación demográfica que vive Castilla y León agravada por la destrucción de empleo durante la crisis.

Que esta Comunidad autónoma sea la única con Murcia que acumula cinco años consecutivos de pérdida de residentes ratifica, por si alguien tuviera dudas, la existencia de una endémica y estructural delicada situación demográfica.

Son 74.000 residentes netos los que han desparecido de Castilla y León en el último quinquenio. El INE no contempla en estos datos estadísticos el crecimiento vegetativo, es decir el diferencial entre nacimientos y defunciones.

Esta fuga de personas a otras comunidades autónomas constata que Castilla y León no es para un porcentaje importante de personas un lugar adecuado para trabajar y vivir.

La población no es un problema de una sola administración ni su responsabilidad es atribuible a un solo gobierno. Con ese punto de partida es preciso abordar de manera multilateral un fenómeno del que se conocen suficientemente sus diagnósticos pero sobre el que no se han desarrollado recetas sobre todo en época de crisis.

El impulso a la actividad económica y al empleo es una de las claves sobre la que sustentar las alternativas contra los fenómenos de despoblación que van adelgazando la Comunidad autónoma. Pero con ser necesario, no es un factor suficiente. El disperso mundo rural plantea otros retos a los que hay que atender para evitar su tendencia a la desertización. Y eso pasa por una ordenación del territorio que aporte los servicios esenciales a los ciudadanos que decidan mantenerse en esos municipios.

Empleo, sanidad, educación y atención a los dependientes son las bazas fundamentales para evitar la fuga de residentes. Junto a todo ello es preciso acometer estrategias conjuntas y diseñadas por las distintas administraciones. Hay comunidades autónomas y regiones europeas con diagnósticos similares, cuyas soluciones deben abordarse con criterios comunes.

El nuevo gobierno que salga de las elecciones del domingo debe comprometerse con este reto y contribuir a tejer una estrategia de cooperación con la Junta y con la Comisión Europea.

Sólo con una visión multilateral del problema y con una apuesta firme de Comunidad se puede frenar esta creciente despoblación que refleja la estadística de variaciones residenciales, así como todos los indicadores de nacimientos. La inquietante pérdida de residentes exige pronto alternativas eficientes en un marco necesario de creación de empleo.

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