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LA FORMACIÓN PROFESIONAL ha dejado de ser en los últimos años casi la opción B que elegían los jóvenes, para el desarrollo de su actividad profesional futura, a convertirse en una clara salida hacia el mercado laboral.

Algo en lo que han tenido mucho que las continúas políticas de apoyo e incentivo por parte de las administraciones. Pero está claro que aún no es suficiente. La Formación Profesional, como le sucede prácticamente al conjunto de la enseñanza, adolece de falta de conexión con el mundo laboral. Las empresas exigen, cada vez más, profesionales altamente cualificados y preparados; y es lógico. Esos profesionales existen en Castilla y León. Son los innumerables jóvenes altamente preparados que reclaman y exigen una oportunidad que, cuando aquí se les niega, se van fuera a buscarla.

Está claro que algo falla en el conjunto del sistema educativo cuando los jóvenes con gran cualificación que de él salen se ven incapaces de incorporarse al mercado laboral castellano y leonés.

El déficit radica en la entrada de estos jóvenes a ese cada vez más complicado tejido productivo, que la crisis económica ha venido a hacer aún más complicado.

El reto pasa, como bien señala el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, por vincular cada vez más la formación al tejido productivo. Esa es la gran apuesta, pero para llevarla a efecto es necesario que se impulsen las políticas efectivas que permitan una mayor y mejor profesionalización de los docentes y que se articulen medidas eficaces para que las empresas apuesten por ese talento joven.

En ese conglormerado todo tiene que estar pefectamente ligado. Desde una buena concepción de las titulaciones universitarias, por eso resulta vital cerrar un mapa acorde a las necesidades del mercado laboral, y un plan de formación que permita a la FP ofrecer verdaderas salidas profesionales.

Y aquí las empresas también tienen que aportar su granito de arena. De poco o nada servirán las políticas si finalmente aquellos que tienen que abrir el mercado laboral a estos jóvenes, las empresas, no lo hacen.

La teoría está clara y resulta evidente que todos los agentes, sociales, políticos y empresariales, están por la labor de trabajar en la misma dirección. Pero la clave está en además de vincular la formación, de FP o universitaria, al mercado laboral, porque ésta sea de calidad. Ese es el verdadero reto: hacer de la Educación el pilar básico para el desarrollo futuro de los jóvenes. Y eso pasa porque la capacidad formativa sea, cada vez más, de mayor calidad.