Redacción de Valladolid

El papel de la hipocresía

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EL PRESIDENTE del Grupo Popular del Ayuntamiento de Valladolid, José Antonio Martínez Bermejo, se estrenó en 2015, en el pleno de investidura, con un rancio discurso ultraderechista con los mayores tintes de rencor político que mi frágil memoria me permite recordar. Toño, al que por razones que no vienen al caso conozco desde hace muchos años, tildó de «frente guerracivilista caduco» la alianza entre el PSOE, IU y Podemos para encumbrar al socialista Óscar Puente a la Alcaldía. En un sorprendente y desconocido tono beligerante, les acusó aquel día de haber negociado el reparto de cargos «con el estómago».

A punto de cumplir un año con esa bicefalía impuesta y asumida con aparente resignación cristiana junto a Jesús Enríquez, el político popular ha acumulado más desmanes por encontrar su hueco que en los quince años anteriores de cargos públicos, donde se presentó con un rostro dialogante, centrado y centrista, y hasta llegó a seducir a la izquierda.

Durante el reinado de Javier León de la Riva nunca le oímos hablar de sus excesos dialéctico-machistas y mucho menos opinar de las diferentes condenas judiciales a él o a su equipo.

El colmo de la hipocresía política de Bermejo es hoy la llamada comfort letter, esa ocultada carta de conformidad, que el anterior regidor firmó sin llevar a pleno y que podría hipotecar las arcas públicas como garantía para el millonario crédito del soterramiento. Ninguna crítica de Bermejo a León de la Riva o a su desmemoriado compañero Alfredo Blanco por el «mal uso» de los fondos públicos; pero sí al alcalde, Óscar Puente, por presentar una denuncia judicial por algo que, le guste o no al edil popular, huele mal. ¿A quién sirve con esta gran farsa que le toca escenificar?

Haría bien mi apreciado Toño Bermejo en recuperar la cordura, enterrar la doble vara de medir y volver a su perfil anterior. Si se esfuerza un poco, encontrará espacio para la crítica rigurosa, incluso pese al ridículo que supone ir a todas las ruedas de prensa con su pareja de hecho municipal, el exportavoz del PP con León de la Riva.

Seguro que en los cuarenta días que faltan para el 26-J encontrará motivos para desacreditar a un PSOE acojonado ahora por la alianza Podemos-IU. Sobre todo, para acreditar la armoniosa convivencia que el «frente guerracivilista» de Valladolid ha demostrado en este primer año de mandato de esa «izquierda radical» que él bautizó.