Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

El color de la indignación

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PRODUCE escalofrío revisar los 91 artículos del Estatuto de Autonomía de Castilla y León, que ayer celebró con inusitada euforia la clase política de la Comunidad, y constatar sus elevadísimos incumplimientos. Puedo entender que esa sea la causa de que, salvo forzados por las oposiciones a empleados públicos, casi nadie lo haya leído en sus 33 años de vida.

De no haber fallecido esta semana, mi admirado Umberto Eco habría tenido algún día la sagacidad y el coraje, con su radical método de preguntarse por todo hasta la saciedad, de explicar por qué esta sociedad vive ajena a su ‘carta magna’ o por qué soporta tan estoicamente la vulneración de derechos 33 años después. Leyendo El nombre de la rosa o esa parodia tan clarividente sobre los medios de comunicación como es su Número cero se pueden encontrar algunas claves para indignarse lo justo.

Con permiso de los catedráticos de Derecho Constitucional me permito recomendar a quienes se dedican ahora a la reforma del Estatuto que añadan una disposición que garantice, previo levantamiento de acta notarial y con resolución judicial firme, una indemnización con cargo a las cuentas personales de los procuradores cuando se demuestre que se han lesionado esos derechos con complicidad parlamentaria. Imagino ya a sus señorías convertidos en mendigos, probando la medicina de la indignación que debería causar en una sociedad participativa tamaños incumplimientos.

Está demostrado que la indignación es selectiva. A veces llega a nuestro corazón influida por quienes tienen más capacidad y medios de influir. Esta semana un vallisoletano ha asesinado a su pareja en Zaragoza. Lejos de profundizar en los fallos del Estado de Derecho, el delegado del Gobierno en Aragón sugiere que la víctima cometió errores que facilitaron este penúltimo crimen machista. ¡Y se queda tan tranquilo este caradura! Como se quedan tan tranquilos los que defienden la libertad de expresión y aprueban leyes mordaza a la carta para limitar esos derechos constitucionales o dar facilidades a fiscales que recuerdan más a la inquisición que a un ministerio público que vele por la pluralidad y el respeto a TODOS.

Menos mal que una inaceptable censura previa no ha impedido, al menos hasta hoy viernes, que mañana actúe en Valladolid ese grupo de hip hop llamado Def Con Dos, algunos de cuyos comentarios de su líder me resultan tan desagradables como los del delegado del Gobierno de Aragón.

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