Diario de Valladolid

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ANTE el acuerdo de última hora ocurrido en Cataluña para investir como presidente de la Generalitat a un candidato que no fuera Mas, han sonado en el país unas alarmas que parecían algo apagadas últimamente ante la incertidumbre política general. Y es que ha quedado patente que quienes declararan la República Catalana semanas atrás iban en serio. Y al llamado de que «se rompe España»–no sólo esgrimido y aceptado por fuerzas de la derecha- se han arremolinado los temores a una ruptura que muchos desdeñaban como broma, exageración u opción descabellada.

Sin embargo, hace tiempo que se habían roto ya demasiadas cosas importantes en este país: casi todas aquellas ligaduras importantes que hicieron posible reunir y juntar, desde la confusión que envolviera las postrimerías del franquismo, a gentes y tierras diferentes en una España nueva. Porque no nos engañemos: las naciones se construyen voluntariamente desde lo social, lo político y lo económico mediante el acuerdo común de sus pobladores o no perdurarán demasiado en el tiempo. España se refundó tras el régimen de Franco sólo aparentemente: la desigualdad entre clases se mitigó en parte pero ha vuelto a ahondarse en los últimos años; las tensiones y diferencias entre lo rural y lo urbano quedaron siempre lejos de ser superadas; la misma brecha abierta por la guerra civil nunca cicatrizó del todo o se cerró en falso.

Al fin, la quiebra más visible de una unidad y reconstrucción nacional, que tenía bastante de espejismo, ha acontecido en el campo de batalla de lo territorial; pero tampoco nos confundamos ni se equivoquen los que parecen pensar que con la mera separación de su territorio van a resolverse de golpes todos los problemas; ni quienes sacan a relucir ahora el simbolismo de una Castilla muñidora de unidades como antídoto frente a los separatismos periféricos. La construcción de una nación se logra aunando voluntades, no enfrentando los distintos pareceres. Es un contrato abierto de personas y territorios que -como toda relación- se teje o deshilacha día a día. Ojalá todavía se esté a tiempo de recomponer tal desaguisado, tamaños desentendidos: tanto desamor.

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