Diario de Valladolid

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EN los días del comienzo de la campaña para las elecciones de mañana, me sorprendió que dos de los primeros videos promocionales que vi no parecieran tales. Es decir, creí hasta que aparecieron los respectivos logos de cada partido que estaba viendo uno de esos anuncios de «nuestros grandes bancos». Y es que la estética, iluminación, el tono quedo y persuasor de «la voz en off» remitían al estilo y contenido de ese tipo de cuñas publicitarias.

Ya que la estética no es fácilmente separable de la ética en el ámbito occidental en el que estamos –y del que procedemos–, o sea, el de raíces grecolatinas que hacían equivalente lo bueno a lo bello, puede que esa identificación formal entre bancos y grandes partidos se deba a algo más que a similitudes técnicas. Pues aprendimos cómo, a menudo, las campañas de uno y otro llegaban a parecerse como dos gotas de agua ya que, tras la confección de ellas se encontraban las mismas agencias de publicidad o técnicos que se habían formado en los mismos centros y habían trabajado en idénticas compañías.

Pero hay otra mayor coincidencia de fondo: son los “dos grandes” quienes más responsabilidad tienen en el desastre del que venimos y en esa especie de hoyo o depresión en que todavía nos encontramos. Y quienes formalmente hacen lo posible por camuflar la realidad con un mismo o muy parecido lenguaje de imágenes positivas y tranquilizadoras. Sin embargo, hay lo que hay. Una quiebra o rescate «en diferido» del sector financiero que va a tardar tiempo en subsanarse; un apreciable descenso en el número de cotizantes a la Seguridad Social y en las cantidades obtenidas al respecto (por mucho que se alardee de que el empleo aumenta); el saqueo –o sistemática práctica de ir sisando– del fondo de reserva y estabilidad de las pensiones, para enjugar así la apabullante deuda pública; un déficit que no ha hecho sino crecer durante los últimos años.

Y, ahora, que cada quien aguante su vela y cada cual vote lo que quiera. «Buena suerte», como decía aquel otro, porque la vamos a necesitar.

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