Víctimas y maleantes
LA VIGILANCIA social, que expresa el periodismo, rechaza con repugnancia la perpetuación de chanchullos que los partidos políticos prometen día tras día a desterrar sin contemplaciones. Hasta que la mierda aparece en manos de uno de los suyos. Esta repulsa se acrecienta durante las campañas, momento en que los partidos compiten por mostrar su cara más limpia. Por eso, resulta insoportable que un tipo como Pedro Gómez de la Serna siga figurando en la lista del Partido Popular por Segovia, donde nunca debió estar. Su aterrizaje ahí parece que fue decisión del propio Rajoy, con quien trabajó este pájaro como presidente del organismo de obras y equipamientos penitenciarios. Pero tenía más valedores en la cúpula popular, porque también fue director de Gabinete de Javier Arenas, además de asesor de su naufragio andaluz.
Gómez de la Serna recaló en las listas de Segovia ocupando el hueco previsto para otro cunero, Manuel Cobo, un berciano cuya carrera política discurrió siempre en Madrid. Sea cual sea el enjuague final, lo tremendo sigue siendo el aterrizaje recurrente de estos desechos de tienta en las listas de Castilla y León. Algunos vuelan pronto, en cuanto surge un chollo mejor, porque ningún vínculo los ata al lugar de su promoción.
Pasó con el embajador de España en India, antes diputado cunero por Zamora. Pero la vicaría de sus empleos políticos no es lo único que compartieron Gómez de la Serna y Arístegui antes de ser pillados con sus sucios negocios, que les reportan comisiones millonarias. Arístegui dio el relevo a Gómez de la Serna como director de Gabinete del ministro Mayor Oreja. Ya eran viejos conocidos los gestores de Scardovi y Karistia. El embajador incluso había sido embargado por impagos a la Seguridad Social.
Semejante descaro choca ahora con el sacrificio de Gabino, el policía de La Bañeza fallecido en atentado en Kabul, tan cerca de India. Porque nos muestra formas radicalmente opuestas de entender el servicio público y convierte en insoportable cada hora que permanezcan estos maleantes con sus chollos.