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EL patrimonio cultural inmaterial parece estar en auge y hasta de moda. A las sucesivas declaraciones derivadas de las convenciones internacionales celebradas en los últimos años sobre este tema le han sucedido las legislaciones y planes que las distintas regiones y estados europeos van desarrollando para adoptar sus normativas a la nueva situación. Un panorama y unos desafíos generados por el valor que se concede –ahora– a unas expresiones que hasta hace poco quedaban fuera tanto del concepto de patrimonio como de cultura que se habría venido aplicando por las administraciones. Este nuevo patrimonio no es ni histórico ni material, por lo que pertenece desde la misma raíz conceptual de su consideración al ámbito de la antropología y a su visión, amplia e integradora, de la cultura o, mejor, de las culturas.

Con todo ello, y ya sea por genuino interés o sentido de la oportunidad, proliferan las iniciativas que desde distintas disciplinas y universidades centran hoy su foco en este tipo de patrimonio. En lo que toca a la Universidad de Valladolid puede decirse que fuimos pioneros, poniendo en marcha hace tres años –desde el Instituto de Estudios Europeos– un Curso de Formación en Gestión del Patrimonio Cultural Inmaterial, especialmente dedicado a la etnología de Castilla y León. Dicho curso, cuya edición actual comenzó una semana atrás en formato on line y que ha generado ya dos gruesos volúmenes que aparecerán en breve, tiene como principal seña de identidad conjugar lo antropológico y lo jurídico.

Y es que en este campo el futuro habrá de gestionarse combinando adecuadamente conservación y transformación; o sea, valiéndose de los recursos propios para un mejor integración y encaje en un mundo que ya es global, sin que ello equivalga a plegarse sin criterio ni crítica ante las imposiciones de una mundialización fundamentalmente económica. Por lo que esta materia abre en sí un gran desafío y también una excelente ocasión de colaborar para ciencia y leyes, para la antropología y el derecho.